Opinión

Doble traición

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 18 de octubre de 2010
El pacto entre Zapatero y el PNV no ha supuesto ninguna sorpresa porque se sabía que el primero estaba dispuesto a dar lo que hiciera falta o se le pidiera, con tal de sacar adelante los Presupuestos, asegurarse un año largo más de Presidencia y, además, ganar tiempo. ¿Quién sabe lo que puede pasar en esos meses? Convencido de que tiene “baraka” –como Franco, aunque no le guste la comparación- este personaje cree que puede recuperar su popularidad, ahora hundida, y por qué no, volver a ganar en 2012. Nadie como él sabe que llegó a La Moncloa contra todas las previsiones y sin ninguna de las capacidades que se suponen necesarias para gobernar un gran país. Por pura chiripa que dirían los castizos. Y si sonó la flauta en 2004 y en 2008, ¿por qué no va volver a sonar otra vez en el 2012? Las urnas son así de imprevisibles y pueden echar por tierra los sondeos más reiterados. Además, cuando se crea una tupida red clientelar –y el pacto no deja de ser un elemento más de esa red- siempre se puede contar con la perruna fidelidad de tantos paniaguados, apesebrados y PERezosos que pueden llegar a superar a la –quiero creer- creciente y variopinta multitud de ciudadanos responsables que están hasta la punta del pelo del abucheado desgobierno zapateril. Claro está que este sueño de Zapatero –pesadilla para todos los españoles que no viven de sus favores y que padecen sus arbitrarias medidas- tiene pocas probabilidades porque cada vez son más los que le han tomado las exactas medidas a este accidental, y tan poco occidental (se parece más a Chávez que a sus colegas europeos), Presidente, .

Con el pacto, no sólo se consuma la ya incoada traición contra su “compañero” (?) el lehendakari López (cuerpo a tierra que vienen los nuestros) sino que se destruye la única cosa buena que había sucedido en estos últimos años: Un Gobierno constitucional en el País Vasco, el del PSE, apoyado por el otro partido constitucional, el PP, y con los nacionalistas en la oposición. La única y posible “normalización” de aquellas tierras la ha echado por tierra Zapatero con su firma del pacto, si es que ha habido firma que tampoco se sabe o al menos no la hemos visto. Porque lo que parece evidente es que lo que ha salido en los medios es sólo un parte de lo que se pactó, La euforia de Otegui desde la cárcel es más que significativa y ya se pueden hacer apuestas: Los pro-etarras estarán en las elecciones municipales de mayo de 2011 y seguirán en los ayuntamientos, que de eso se trata.

Fue patético escuchar a López felicitándose por un pacto que le deja a los pies de los caballos y echa por tierra su legitimidad, porque así lo ha querido su amo. Mientras López decía lindezas que nadie –ni él- se puede creer (“el PNV vuelve al Estatuto que es el punto de convergencia de todos”, o algo así) Urkullu declaraba que el Estatuto no era su estación de llegada, porque quiere todavía más. Ya se sabía, pues es muy viejo eso del “Estatuto de mínimos”. Cuando López, haciendo de tripas corazón, cantaba con voz impostada las excelencias del pacto se podía adivinar el puñal, made in La Moncloa, que llevaba todavía clavado en la espalda. Del contenido del pacto –que puede ser tan grave como el Estatuto catalán- habrá ocasión de hablar en los próximos tiempos, pero no deja de ser sintomático que Zapatero haya regalado de una tacada (y a cambio de los seis votos peneuvistas), lo que los gobiernos anteriores, de ambos colores, se habían negado a entregar a la voracidad nacionalista. Hasta esa solemne estupidez de los nombres de las provincias, aunque hay que reconocer que existe el precedente de Lleida y Girona, otro atentado al bilingüismo oficial de estas regiones, que procede de la época de González. Nada les gusta tanto a los socialistas como cambiar a la Constitución por la puerta de atrás. Y así llegamos a la segunda gran traición.

Porque, con ser grave esta traición a López, es mucho peor la otra traición consumada: La que da nuevos golpes de piqueta –quizás habría que hablar de cañonazos en toda regla- el edificio constitucional, que Zapatero ha mostrado que odia desde el primer momento. Era algo sabido que este hombre quería echar por tierra el sistema de la Transición y que –a diferencia de todos cuantos le han precedido en ese puesto- no ha querido nunca ser el Presidente de todos los españoles, pues, por estrechas razones ideológicas, ha excluido a la mitad de la población, levantando un muro cuya primera piedra fue otro pacto, el del Tinell, que no se puede olvidar porque explica muchas cosas que han pasado después.

Si me lo permiten mis lectores voy a reproducir parte de un artículo, “Un taxi vacío”, que, previendo lo que se nos venía encima, escribí en marzo de 2004. Recordaba aquella maldad de Churchill cuando en 1945, tras perder las elecciones dijo: “Un taxi vacío acaba de detenerse en Downing Street. Un hombre se apea de él: es Attlee”. Y añadía yo: “Otro taxi metafórico se acaba de parar ante la Moncloa madrileña, tan vacío de consistencia como aquel otro que se detuvo hace casi sesenta años ante Downing Sreet. De él se ha apeado el señor Rodríguez Zapatero con un equipaje de buenas intenciones y poco más. [Después de seis años creo que me equivoqué al hablar de “buenas intenciones”]. Su discurso de investidura, carente de coherencia interna y sobrado de demagogia fácil, tiene el tono de la clásica “carta a los Reyes Magos”, a años luz de lo que debe ser un programa de gobierno, que ha de explicar no sólo los fines a los que tiende sino también los medios y los recursos que se propone poner en juego para alcanzarlos. Pero lo peor del taxi de Moncloa es que en él no viaja sólo el nuevo Presidente del Gobierno. No sé si embozados en el compartimento de pasajeros o acaso ocultos en el maletero viajan otros personajes que representan a sectores minoritarios de la sociedad española que desean hacerse pagar su apoyo con exorbitantes reivindicaciones, que pueden dinamitar el sistema político que tan bien a funcionado durante el último cuarto de siglo… Al grito perfectamente audible de “¡Ahora o nunca!” todos los grupos separatistas o soberanistas, que hace tiempo se han despojado de la careta y ya no disimulan sus intenciones, tratan de aprovecharse de un Gobierno manifiestamente débil y que depende de ellos para su subsistencia. Subrepticiamente se nos ha trasladado a Madrid el Tripartito catalán. Frente a estos incómodos pasajeros el nuevo presidente-funámbulo se mueve en la cuerda floja prodigando promesas... No podía ser de otra manera: el taxi vacío ha emprendido un viaje a ninguna parte o. peor aún, nos conduce irremediablemente al vacío político”.

Es triste comprobar y tener que constatar que aquellas sombrías previsiones de hace seis años y medio se han ido cumpliendo a lo largo de este tiempo y son ahora más realidad que nunca. El pacto de Zapatero con el PNV es el acta notarial de la operación de “deconstrucción” del sistema, que es un objetivo político en que ambos coinciden. Del pacto con los traidorzuelos de Coalición Canaria, mejor ni hablar.

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