Francisco Diéguez | Miércoles 20 de octubre de 2010
Cataluña, orgullo de todos los españoles, pueblo culto, trabajador, dotado de un gran sentido para los negocios, cuna de grandes empresarios, siempre a la cabeza del resto de España.
En los tiempos actuales existe en nuestro país una fiebre y un frenético afán de superación, por lo que la región catalana va perdiendo esa primacía sobre las demás autonomías.
En este estado de cosas y con un gobierno ininteligible en Cataluña, todos sus políticos, los ricos de la derecha y los ricos de la izquierda siguen con la cantinela de siempre, “La soberanía del pueblo catalán”.
En la cúpula de la política catalana existen tres mentalidades en la forma de expresar su petición, la del tal señor Rovira con cuatro fans que reniega de todo lo español y que tiene protagonismo inexplicable.
Otros más clásicos pero que llegan a pronunciarse en sus exigencias sobre el tema con palabras agresivas. Para mí, todas estas personas conocen al CLIENTE pero le quieren ignorar.
Unos de los grandes políticos del país pertenece al pueblo catalán, y que me perdone, es al que me referiré en este asunto, pues increíblemente está de acuerdo en la misma petición de independencia de la región catalana.
El señor Durán i Lleida, repito, es uno de los grandes políticos del país, hombre con gran discurso, respetuoso, con argumentos siempre llenos de finísima sutilidad. Muy educado y hombre elegante, en la actualidad la elegancia juega un gran papel en todo.
Señor Lleida, usted conoce al impertinente CLIENTE, al que desprecia muy sutilmente. Señor Lleida, usted sabe que la independencia de Cataluña es imposible. ¿Por qué insiste en el tema? Señor Lleida, usted sabe que no ha habido, no hay ni habrá ningún poder que pueda otorgar semejante pretensión a Cataluña. Y esto es porque Cataluña es de todos los españoles como España es de todos los catalanes y usted lo sabe.
Si por algo llovido del cielo Cataluña se convirtiera en una nación, tendría una frontera con el resto del país, y en este caso el CLIENTE es el protagonista.
Miles y miles de pequeños y grandes empresarios catalanes cerrarían sus negocios, los más se trasladarían al resto de España para seguir subsistiendo. Los barcos que llegan a los puertos de Cataluña con materias primas para fabricar productos para el CLIENTE lo harían en puerto español. Los acuerdos con las grandes multinacionales, laboratorios, fábricas de coches y otras importantes industrias, se harían con España, etc, etc. Las grandes líneas aéreas se negociarían con España. Necesidad de una pequeña flota para la defensa de sus costas, protocolo que necesita una nación, ministerios, fuerza nacional de orden público, etc. TVC para seis millones, hasta la posición del genial barsa, miles y miles de cosas que no se pueden desarrollar en un pequeño artículo.
Señor Lleida, ¿usted cree que el producto interior bruto de Cataluña sin el CLIENTE podría soportar semejante presupuesto? Señor Lleida, ¿Usted cree que por el “mismo precio” la sociedad catalana va a prescindir de la belleza de cualquier rincón de España?
La Península Ibérica posee tantos parajes diferentes como el resto del mundo y de ello están orgullosos todos los españoles.
¿Va a renunciar el pueblo catalán de Sevilla, Granada, Córdoba con sus pintorescos miniculturas? ¿Va a renunciar al resto de las grandes capitales como Madrid, una de las mejores capitales de Europa?¿Va a renunciar al milagro de las catedrales?¿A los restos geniales que dejaron las civilizaciones que invadieron la península, fortalezas, castillos, etc? ¿Va a renunciar a la Universidad de Salamanca, El Alcázar de Segovia, El Monasterio de El Escorial, El Palacio Real de Madrid, La Biblioteca Nacional, El Museo del Prado?¿Va a renunciar a Cervantes, a Goya, a Velázquez, a Murillo, etc?
Necesitaría varios libros para enumerar a todo lo que tendría que renunciar.
Tendría que renunciar a toda la grandeza que hicieron los españoles, crear pueblos por todo el mundo, llevando su habla, su civilización y su religión con hechos insólitos que quedaron para la historia. A todo esto no se puede renunciar incluso por los que pretenden que se haga. Usted, Señor Lleida, todo esto lo sabe mejor que yo.
Esta personalidad de los catalanes, es lo que produce que los políticos no cuenten con más de un treinta por ciento de su electorado. Señor
Lleida, hay dos cosas que no llego a comprender:
1ª- ¿Encierra algún secreto para que se insista tanto en un imposible?
2ª- ¿Es posible que tengan la esperanza de que algún día consigan su independencia conservando el CLIENTE?
Señor Lleida, yo viví mucho tiempo entre artistas del flamenco, muchos catalanes y le voy a expresar con cariño lo que le diría uno de ellos con su lenguaje: “ceñor Lleida, con ese pedazo cabeza que tie usted, arréglenos las cosas de nuestra Cataluña”.
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