Opinión

Con el "don" delante

Antonio D. Olano | Jueves 21 de octubre de 2010
Los españoles nos hemos privado siempre por un humor sui géneris. Mejor: el sucedáneo del verdadero humor. De ahí el éxito del retruécano como su máxima expresión. Y así escuchábamos por la calle llamar a alguien diciéndolo “oiga, oiga, que sean Philips…”. La evolución de la telefonía fue evolucionando en indicativos. Verbigracia colocando un dos delante de los viejos números. Se advertía: “con el dos delante”. Y así, al referirnos a una figura empiringotada los “chuflas” añadían: “Con el don delante”.

El don tiene diversas aplicaciones, desde el nombre de los caballeros, doñas incluidas, hasta el titular de calles. “No hay don sin din”. Así el don en los callejeros es superado por también el doctorado.” Calle del doctor…”. Solamente les echa un firme pulso Don Quijote, menos leído que afamado. Los caldos también merecen dones, comienza como Don Parignon, más tópico que excelente. O, por lo popular, Don Simón.

En nuestro país disfrutaron del don en vida y después en calles, Don Ramón de la Cruz, don Jacinto Benavente, don Ramón María del Valle Inclán y, en sus últimos años de vida y escena, don José María Rodero. Otro personaje singular, don Jaime de Mora y Aragón jamás se bajó de su sonoro privilegio. En el toreo se adueñaron, durante algunas décadas, los rejoneadores.

En cuanto a calles tituladas en los madriles ahí tienen a don Pedro, don Alvaro de Bazán, don Felipe, don Juan de Borbón…Y las doñas: Berenguela, Doña Francisquita, Guiomar, Mencía, Urraca. Y hay pueblos con don: Benito, doña Mencía.. O reservas naturales y protegidas cual Doñana.

En Galicia, concretamente en la zona vinícola de Cambados, los vinos pulso a los mejores caldos europeos. Concretamente en la “Taberna del Náutico” de Sanjenjo -reinado del marisco y de los más exquisitos condumios, cocinados y servidos con amor- fregamos todas esas delicias, tan importantes que deberían ser declaras pecados, con un de los vinos blancos, albariño, que alcanzaron el cuarto puesto de calidad del mundo.

Su resultado se bebe a un personaje justamente popular, bodeguero que limita su cosecha, de la que nace el cado que nació con el don delante: Don Olegario. Olegario Falcón Piñeiro, su mentor, es una de esas personas a las que, familia incluida, uno no se debe perder. Viven en un mar de viñedos. Y cerca del mar..

Me desplacé a Pontevedra por desamor de una ciática que se niega a abandonarme, Y me puse, como la mayoría de los deportistas de elite, en sabiduría y manos de O´Bruxo del que, en una baldosa, sigue escrito:

“Lo imposible lo cura al instante. Para los milagros necesita algo más de tiempo”.

En su consulta- clínica- gimnasio, se recuerda a Hipócrates:

“Nadie debe avergonzarse de tomar prestado, de la persona más humilde, el arte de curar”.

Milagros, lo que se dice milagros, uno de nuestros contertulios. Jesús Hermida, el primer secretario de estado del deporte de la Democracia. Fue atleta importante en sus años de estudiante (estudió ingeniería y derecho) y es, sin duda, uno de los escasos políticos que dejaron huella. Demasiado talento el suyo para alcanzar los puestos reservados a los trepadores. En España se trepa.

Y lo que bien empieza, como mi viaje a la esperanza, bien suele concluir. José Luís Penedo, el mejor conocedor de esa espléndida Pontevedra, nos ofrece la comida de despedida a base de truchas- truchas. Que, en tiempos de escasez de las auténticas, hay que repetir su sabroso nombre. Como hace años se anunciaba en la puerta de los locales cafeteros el Café-café.

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