Nueva foto de familia. Efe
Este miércoles,
Soraya Sáenz de Santamaría y Alfredo Pérez Rubalcaba protagonizarán el primer cara a cara en el Congreso de los Diputados después del lavado de cara del Gobierno. La portavoz parlamentaria del Grupo Popular preguntará al vicepresidente por las pensiones. De Santamaría quiere saber si el Ejecutivo está dispuesto a rectificar la congelación tal y como le ha pedido la Cámara Baja.
El
Partido Popular diseña su estrategia hasta 2012 con la vista puesta en el nuevo organigrama del Gobierno. Pérez Rubalcaba es el nuevo hombre fuerte, Rodríguez Zapatero queda en segundo plano. El nuevo vicepresidente es además quien debe recibir las embestidas de la oposición y defender los intereses socialistas no sólo como portavoz sino también en calidad de, como apuntan distintos analistas, hombre llamado a suceder al líder. Sin embargo, Pérez Rubalcaba cargará con el grueso de críticas, demandas y polémicas, con el desgaste que esto supone. Y el PP lo sabe. Debilitar al ministro del Interior es, con la nueva configuración del Gobierno, asestar la puntilla al equipo en pleno.
Para ello, desde Génova, como han demostrado las primeras acciones y declaraciones, preparan una batería de exigencias y propuestas en materia económica. Quieren recordar al Gobierno y a los españoles que no ha habido cambio alguno en el departamento de
Elena Salgado, así como que los presupuestos recién aprobados hipotecan el progreso de España, como mínimo, durante un año más. Quieren también refrescar que el país está tutelado por Bruselas y que las optimistas previsiones oficiales no son compartidas por los principales organismos internacionales. Los ‘populares’ demandarán respuestas a la principal inquietud de los españoles, un abundante desempleo que lega Corbacho al recién llegado Valeriano Gómez.
La segunda batalla -en su acepción política- versará sobre
Eta y las polémicas no cerradas del propio Pérez Rubalcaba. El presidente del Gobierno afirma que los pasos de la izquierda abertzale van en la buena dirección, horas después de hacer del ministro del Interior su mano derecha. El fin de Eta -o el intento- será uno de los frentes calientes en lo que resta de legislatura, con un vigilante Partido Popular ante posibles contactos con los terroristas. El Gobierno ha de andar con pies de plomo: en su apuesta por finiquitar a la banda espera alcanzar la gloria, pero cualquier paso en falso sepultará toda acción llevada a cabo contra la banda y romperá el estable pacto PSE-PP en el País Vasco. Además, el caso Faisán seguirá teniendo resonancia en el Congreso. Nuevos datos ponen en tela de juicio al responsable de Interior y a su equipo. El PP se mostrará incisivo.
Un tercer punto de fricción, quizá el más relevante para los intereses de socialistas y populares, es la comunicación. En Génova conocen de los hilos que maneja Pérez Rubalcaba tanto en las Fuerzas de Seguridad del Estado como en órganos como el
CIS, además de ser afín a PRISA, grupo que celebra el ascenso del ministro. El PP sabe de la inteligencia del ahora vicepresidente para los golpes de efecto policiales-informativos y que, en definitiva, es un gran estratega. Fue el responsable de la campaña que alzó a la Presidencia a Rodríguez Zapatero en 2004, con un papel principal en la gestión comunicativa derivada de los atentados del 11 de marzo de aquel año.
Tres pilares -economía, terrorismo y comunicación- y un actor principal en detrimento de un presidente del Gobierno que queda en la sombra, aspecto que no dejará de recordar la oposición. Rodríguez Zapatero deja su futuro en manos de un
Pérez Rubalcaba para quien los próximos dos años serán los más largos de su carrera política.