Si el socialista es fiel a sus palabras pierde toda opción de gobernar
Domingo 31 de octubre de 2010
Lo evidencian los últimos sondeos publicados por El País, El Mundo, La Razón, La Vanguardia, El Periódico, Avui, RAC 1 y Antena 3. Todos ellos otorgan a CiU entre 56 y 63 escaños, a PSC entre 28 y 37, a PPC entre 13 y 20, a ERC entre 9 y 16, a ICV-EUiA entre 9 y 13 y a Ciudadanos entre 0 y 4. La mayoría absoluta se sitúa en los 68 asientos. Así, CiU gobernaría con solvencia en solitario pero necesitaría de un socio que contrarrestara un posible pacto tripartito, desmentido por Montilla pero visto por sus rivales como un movimiento electoral que carece de credibilidad. No creen al socialista porque si rompe definitivamente con sus socios, con ellos se marcha también el poder.
El presidente catalán hizo desempolvar las calculadoras después de sus declaraciones del domingo: "El tiempo del tripartito ha pasado. Ni cambiaré mis principios ni vuestros principios por un puñado de votos al Parlament a cambio de ser investido presidente de la Generalitat". Las cuentas no salen si pretende emprender el periplo en solitario, menos cuando el principal rival, CiU, suma más de diez escaños respecto a 2006 y el PPC crece en detrimento de ERC e ICV. Menos cuando un pacto "a la vasca" se presume improbable y cuando Alicia Sánchez-Camacho ha manifestado, no sin reservas, su preferencia por los convergentes.
Según reconocen socialistas catalanes en las últimas horas, la intención de Montilla es desmarcarse de ERC y sus constantes alusiones a la independencia tras haber constatado mediante debates y sondeos internos el descontento de la militancia con este pacto. Además, la próxima semana se dará a conocer la encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, nada favorable a los intereses de Montilla en su último informe y que el presidente pretende maquillar con sus últimas manifestaciones de cara al inminente comienzo de la campaña.
Además, el PSC quiere vender que CiU no tiene las ideas claras y que no es capaz de zanjar sus alianzas de antemano como, supuestamente, sí lo han hecho ellos, con la intención de dañar la relación CiU-PP si hay pronunciamiento o de dar a entender al votante de CiU que también estará votando a un partido de carácter nacional, en caso de no soltar prenda. En definitiva, la estrategia es desestabilizar a un contrincante con poderosas armas para gobernar y hacer ver que Montilla camina en solitario, con ideas renovadas y que es capaz de saciar tanto intereses catalanistas como nacionales.
Sólo el PSOE, al menos frente a las cámaras, ha dicho creer a Montilla: "No sólo nos ha parecido bien, sino que nos ha relajado", admitió Marcelino Iglesias. De modo que si el aún presidente catalán finalmente recula, decepcionará al resto de partidos, a los ciudadanos y a sus propios compañeros. Decepcionará porque, como asegura el propio Montilla, las propuestas de sus socios son “inasumibles”. Difícilmente se podrá desprender de estas palabras después del 28 de noviembre, como difícilmente logrará gobernar sin socios.
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