Opinión

Transfuguismo e hipocresía

Viernes 29 de octubre de 2010
El pacto antitransfuguismo, uno de los escasos nexos de unión entre PP y PSOE, es ya papel mojado. Las culpas en esta ocasión hay que atribuírselas a los socialistas quienes, con el clan Pajín a la cabeza, accedieron a la alcaldía de Benidorm gracias a un tránsfuga, y ahora pretenden legitimar la jugada dando su apoyo al actual equipo municipal en las próximas elecciones. Vaya por delante que no a todos en el PSOE ha gustado la manera de llevar todo este asunto, pero han tenido que tragar ante la cuota de poder tan llamativa como incomprensible de Leire Pajín.

Los argumentos del PSOE son totalmente inconsistentes. Utilizar la táctica del “y tú más” no se parece el mejor modo de defender algo que, por otra parte, es casi imposible de sostener. Puede que el PP no esté libre de pecado y que su presencia en algunas corporaciones municipales sea cuestionable. Pero se trata de casos puntuales -reprobables igualmente, eso sí- con una entidad mucho menor. Además, puestos a señalar con el dedo, hay más “casos Benidorm” en el entorno socialista como para que acusen a nadie de ser peores que ellos.

Sea como fuere, si se rompe definitivamente el pacto antitransfuguismo habrá que lamentar el fin de un instrumento muy positivo a la hora de fiscalizar la buena salud democrática de las administraciones autonómicas y locales. Y además, el PSOE habrá demostrado lo poco que le interesa pactar con el PP en asuntos de interés general. En manos de Zapatero está que algo tan poco deseable no suceda.

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