Alieto Guadagni | Martes 02 de noviembre de 2010
La muerte del ex Presidente Néstor Kirchner inaugura un nuevo ciclo en la vida política argentina. Pocos presidentes han ejercido el poder con el vigor y la intensidad de Néstor Kirchner, no solamente en las áreas de la política exterior, sino también en todos los aspectos de la política interna particularmente la política económica. Por este motivo no ha sorprendido que dentro de los núcleos del peronismo vinculados al gobierno nacional (gobiernos provinciales y municipales más líderes sindicales) comience a debatirse la necesidad de “profundizar” el denominado “modelo de acumulación y distribución del ingreso”.
En esta nota esbozamos un análisis de estas inquietudes yendo más allá del enunciado de conceptos retóricos, que pueden ser atractivos pero que muchas veces están vacios de contenido. Para ello partimos de la afirmación de Perón quien siempre insistía que “la única verdad es la realidad”, por eso nos concentraremos en la cosas tal cual realmente vienen ocurriendo. Comencemos por recordar que la base de la acumulación de capital productivo se genera en el proceso ahorro-inversión y lo que se observa es que este proceso está siendo orientado hacia la fuga del ahorro hacia el exterior. Un régimen que expulsa al exterior ahorro desacumula capital productivo. Es decir “los otros viven ahora con lo nuestro”. Destaquemos que las inversiones directas externas productivas son hoy en Brasil 10 veces superiores a las nuestras. En la década anterior la diferencia a favor de Brasil era mínima.
La confianza sobre el futuro es distinta: en los últimos cuatro años ingresaron en Brasil 60.000 millones de dólares y se fueron del nuestro, vía fuga de ahorros privados más de 40.000 millones. Las inversiones productivas en Brasil tienen asegurado financiamiento a largo plazo y bajo interés, cosa que no ocurre entre nosotros. Influye el hecho que el riesgo en Brasil es menos de la tercera parte del nuestro, a pesar que nuestro endeudamiento público es menor. La explicación a esta paradoja se encuentra en el primitivismo de persistir, por ejemplo, en presentar cifras estadísticas oficiales que no reflejan la realidad. También influye negativamente que nuestra inflación sea cinco veces superior a la de Brasil. Tenemos la segunda inflación en el mundo, superada únicamente por Venezuela, con una inflación creciente no será fácil sustentar un proceso de inversiones sostenidas. No puede “acumular” un modelo que desalienta la inversión de riesgo y solo ampara las que encuadran en el denominado “capitalismo de amigos”. La ausencia de inversiones debilitará en el futuro nuestro crecimiento porque aparecerán estrangulamientos de capacidad en sectores estratégicos. En el mundo moderno las inversiones productivas a largo plazo requieren normas que pueden ser estrictas y rigurosas, pero deben ser transparentes y estables, Un “modelo” que utiliza como termómetro básico de todas las actividades económicas indicadores estadísticos dudosos no puede promover la acumulación de capital productivo.
El modelo vigente no puede tampoco ser socialmente inclusivo porque ignora la pobreza que afecta hoy día a uno de cada cuatro argentinos. Pero como se manipulan las estadísticas el modelo cree que ha reducido la pobreza, sin advertir que la inflación de los últimos años ha creado más de 3 millones de nuevos pobres. Si el gobierno se cree sus propias cifras no podrá nunca tener una política social inclusiva en serio. El modelo vigente no es realmente inclusivo porque ha concentrado enormes subsidios fiscales, principalmente en el sector energético, en los sectores medios-altos de la sociedad en lugar de implementar una verdadera tarifa social que asegure el consumo de los más pobres. Hoy más de la mitad de los pobres son niños y más de la mitad de los niños son pobres. Pero el “modelo” no tiene hasta ahora propuestas efectivas para mejorar no solo la cobertura sino particularmente la calidad de la escuela pública, que es la única chance que tienen los núcleos humildes de quebrar la “reproducción intergeneracional de la pobreza”, olvidando así el mandato de Eva Perón que sostenía que “los únicos privilegiados son los niños”. Por todo esto es urgente fortalecer un verdadero modelo de acumulación y distribución. Este es el desafío que enfrenta hoy el peronismo, no solo del que participa del gobierno sino también del que fue empujado a la oposición.
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