Los pocos empresarios “de paredes” que aún sobreviven a la voracidad de políticos y charangueros, ya no piensan en la tradición teatral que, “obligaba”, desde hace más de un siglo, a programar el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, en estas fechas. Apenas algunos Centros Culturales, unos cuantos teatrillos de provincias y las representaciones en la calle de: Alcalá de Henares, Las Palmas y Tenerife, se han atrevido este año a evocar al licencioso sevillano.
¡Que lejos aquellos noviembres madrileños con hasta seis teatros programando el Tenorio al mismo tiempo, a razón de dos funciones diarias en cada teatro y durante todo un mes. O aquella memorable interpretación de Alejandro Ulloa, con una joven y bellísima Luisa María Payán como Doña Inés, que el gran actor-director-empresario, paseó por España y América.
El último valiente fue Gustavo Pérez Puig, cuando biendirigía el madrileño Teatro Español y mantuvo en cartelera, a lleno diario, un excelente Tenorio, ¡durante más de un año!
La obra que, junto a los clásicos, todo actor y actriz joven ha deseado -cuando los actores aprendían de los grandes- ha generado la mayor colección de anécdotas del teatro: Una de estas ocurrió cuando el Tenorio se representaba cada noviembre: un actorcillo del reparto, dejó el teatro sin previo aviso y hubo de ser sustituido por uno de los figurantes. El texto era corto y muy sencillo: un alguacil entra en escena, al principio de la obra, y pregunta: “¿Sois vos Don Juan Tenorio?”; Don Juan dice: “Yo soy”, y el alguacil exclama: “Sed preso”.
El figurante estaba muy nervioso, era su primer diálogo en un escenario. Antes de salir a escena, repetía una y otra vez: “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso” “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso”. Al fin le llegó el momento. Salió al escenario y con voz temblorosa preguntó:
-¿Sois vos Don Juan Tenorio?
-Yo soy
El pobre aspirante se quedó en blanco. No recordaba la frase y decidió improvisar:
-¡Documentación!
Don Juan -el actor que lo representaba- sorprendido… logró contestar “por Dios os juro que soy Don Juan Tenorio” y observando al mudo figurante lo sacó de escena, gritando “¡Bien, os acompañaré a la prisión!”.
En otra ocasión, el actor protagonista de la obra de Zorrilla, olvidó la pistola con la que habría de matar a Don Gonzalo, durante la disputa que mantienen ambos, disparándole un tiro... pero cuando Don Juan fue a sacar la pistola, ¡se dio cuenta de que no la llevaba! ¡la había olvidado en su camerino! ¿Cómo matar entonces al Comendador? La única solución que encontró, fue darle una patada. Don Luís le miró con gesto de sorpresa, y pensando que tal patada no era suficiente para matar a nadie, exclamó:
-¡ Muero, la bota estaba envenenada!
Ay Don Juan, yo lo imploro de tu hidalga compasión/ O arráncame el corazón, o haz cada noviembre tu función.