Luis María ANSON | Jueves 04 de noviembre de 2010
Empezamos bien. La flamante ministra de Asuntos Exteriores se ha humillado ante su homólogo marroquí. La favorita de Zapatero ha sido incapaz de decirle al impertinente Taib Fasi Fihri que en España la libertad de expresión es un hecho real que cimenta nuestra democracia pluralista. Ha tolerado sonriendo el inadmisible ataque de Marruecos a los medios de comunicación españoles.
Si a la debilidad de Zapatero se une la inexperiencia de Trinidad Jiménez, las cancillerías extranjeras se van a tomar a broma a España en la negociación internacional. Bien está que Trinidad Jiménez no le recuerde a su homólogo que en Marruecos no existe la libertad de expresión, que el país está gobernado por una Monarquía absoluta y que se lesionan claramente los derechos humanos. Para España es muy conveniente mantener la mejor relación posible con Marruecos y acentuar las concordancias, no las disidencias. Pero una cosa es esa y otra muy distinta tolerar que venga a España el ministro de Asuntos Exteriores marroquí y se permita arremeter contra los medios de comunicación españoles que son ejemplarmente libres. La nueva ministra tenía la obligación de pararle los pies a su impertinente interlocutor en lugar de callar y humillar la dignidad nacional.
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