Domingo 07 de noviembre de 2010
Las agresiones sufridas por dos periodistas españoles que cubrían una vista pública en la que se enjuiciaba a ciudadanos saharauis quedarán impunes, casi con toda seguridad. Exteriores se ha limitado a sacar una “dura” nota de protesta y a prestar atención consular a Antonio Parreño y Eduardo Martín. Sólo faltaba. Porque en éste último aspecto, se vende como un mérito gubernamental lo que es el deber cotidiano que, por ejercicio de su cargo, debe llevar a cabo todo el personal diplomático. Por lo que respecta a la “dura” nota de protesta, parece que esa es toda la gestión que Trinidad Jiménez va a llevar a cabo en todo este asunto.
Al cual, evidentemente, se intentará aparcar lo más rápido posible. En Exteriores ha habido un cambio de cartera, pero las cosas se siguen haciendo igual de mal. A España le interesa sobremanera mantener unas buenas relaciones con Marruecos. Entre el reino alauí y el español hay muchos más lugares comunes que puntos de fricción, y sería deseable que ambos gobiernos profundizaran en ello. Pero eso es muy difícil si Rabat sigue con su permanente política de provocación y hostigamiento hacia España. La lista de desencuentros es mayor cada día. Y seguirá creciendo hasta que el Gobierno español no adopte una postura firme de una vez por todas y se plante ante los continuos desplantes marroquíes. En estos momentos, la imagen que se proyecta desde el palacio de Santa Cruz es que los intereses españoles pueden ser pisoteados en países “amigos” -Marruecos, Venezuela, Cuba- sin que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero vaya a hacer nada al respecto. Una imagen tan deplorable como intolerable.
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