Hidehito Higashitani | Lunes 08 de noviembre de 2010
El pasado día 24 de septiembre se inauguró en el palacio de Versalles la exposición de las obras del artista contemporáneo japonés Takashi Murakami, que estará abierta al público por tres meses hasta el 12 del próximo mes de diciembre.
El nombre del artista es ya muy conocido en el mundo de la cultura popular tanto en su país de origen como en Europa y Estados Unidos y supongo que muchos amantes de la cultura pop en España habrán conocido algunas de sus obras a través de la retrospectiva celebrada en mayo de 2009 en el Museo Guggenheim de Bilbao.
Sus obras abarcan ampliamente diferentes gamas del arte moderno -la escultura, la pintura, el diseño industrial, el anime, el manga etc.,etc.- y algunas obras suyas de tono provocador y sensual han venido desatando polémicas entre el público de gusto tradicional y conservador. Y de hecho, se encuentra por ejemplo entre las veinte obras expuestas en esta exposición de Versalles una figura humana de cuerpo entero titulada Muchachita mona que representa a una camarera adolescente ‘sexy’ de pelo rubio, busto realzado y alto, faldita corta y piernas muy largas como si se tratara de la heroína de alguna historieta de anime o de manga.
Ya antes de la inauguración de la exposición en el palacio de Versalles, habían surgido, como se temía, las voces de protesta por parte de los descendientes del Rey Sol, con Prince Sixte-Henri de Bourbon-Parmet a la cabeza, y de los grupos conservadores y monárquicos del país, para mantener intacta la ‘dignidad familiar’ y conservar el valor histórico y artístico del palacio.
Sin embargo, ésta no es la primera vez que los descendientes de la antigua familia real francesa se oponen a la exhibición del arte contemporáneo en este legendario Partimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Ya en 2008 cuando se organizó en el mismo palacio la exposición del polémico artista estadounidense contemporáneo Jeff Koons -conocido creador del Puppy, figura gigante de un cachorro que está instalada frente al museo Guggenheim de Bilbao-, Prince Charles-Emmanuel de Bourbon-Parme, sobrino de Sixto-Henri, presentó una demanda ante la Audiencia territorial del distrito de Versalles para impedir la exhibición, alegando que una exposición de esta índole constituía un grave acto de ultraje al glorioso pasado de su estirpe. Pero en aquella ocasión el tribunal francés rechazó la petición.
Respecto a las protestas que se le dirigen, Murakami comenta con toda tranquilidad lo siguiente:
En cuanto a las voces de protesta que se me están levantando con ocasión de esta exposición en Versalles, yo diría que se trata de una reacción excesivamente emocional e hiper-sensible. Para nosotros los artistas, la mejor época sería cuando podamos provocar protestas y sentimiento de repulsa a un cierto sector de la sociedad. Y lo malo es que nos llegue el momento en que ellos se acostumbren demasiado a este tipo de arte y empiecen a no protestar, porque eso significaría para nosotros la muerte de un artista.
Y sobre lo que propone al público en esta exposición, dice:
Para un japonés como yo, el palacio de Versalles es uno de los grandes símbolos de la historia de Occidente. Representa la ambición por la elegancia, el refinamiento y el arte. Lo que pretendo aquí es buscar ese encuentro fascinante entre el pasado y el presente, y también un lugar de encuentro entre distintas culturas del mundo. Y de allí hacer una prueba, a través de este acontecimiento, para ver qué tipo de mezcla se nos presenta entre la disconformidad y la armonía que tienen que surgir por el choque temporal del pasado y el presente y el geográfico de diferentes culturas. Yo soy, por poner un ejemplo, el gato de Cheshire que da la bienvenida a Alicia en el país de las maravillas con una sonrisa enigmática y acosa con sus preguntas a Alicia. A mí también me gustaría invitar, con una sonrisa amplia, a todos ustedes a descubrir las maravillas del palacio de Versalles.
Pues bien, el Gato de Cheshire de Alicia en el país de las maravillas creado por Lewis Carroll entretiene a Alicia en el mundo subterráneo en que se ha caído con sus palabras medio filosóficas y cínicas. Y tiene la habilidad especial de desaparecer libremente dejando únicamente su amplia sonrisa en el aire. Nosotros, que estamos demasiado acostumbrados a ver a ‘A cat without a grin’ (un gato sin sonrisa burlona), parece que tenemos esta vez una buena ocasión de presenciar a ‘A grin without a cat’ (una sonrisa burlona sin un gato), que es al fin y al cabo lo que pretende Murakami que captemos en esa curiosa mezcla de lo pop y la esencia de la arquitectura europea del sigo XVII.
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