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Dos generales detrás del asalto al campamento saharaui

Los tumultos en El Aaiún abren un profundo interrogante

Miércoles 10 de noviembre de 2010
El momento escogido para irrumpir violentamente en el campamento saharaui de Gdeim Izizk, la violencia con la que se realizó la operación militarizada y los choques entre fuerzas de seguridad y manifestantes en la mayoría de barrios de El Aaiún, están planteando un interrogante sobre las intenciones de quienes tomaron la decisión. En la sombra se perfila la figura de dos generales, Husni Benslimane y Hamidu Laanigri.


Durante la semana que precedió el desmantelamiento por la fuerza del campamento, tanto el Comité de acampados, como el Frente Polisario, como las propias Autoridades marroquíes veían inevitable una acción por la fuerza. Sin embargo, el sábado y el domingo 6 y 7 de Noviembre, parecía que las negociaciones entre las Autoridades de Rabat y los representantes de los 20 mil saharauis acampados, iban a concluirse con un calendario para satisfacer las reivindicaciones socio-económicas de los acampados. En esa línea optimista se pronunciaron tanto el ministro portavoz marroquí Jaled Naciri como el titular de Exteriores Fassi Fihri.

Sin embargo en plena noche del domingo al lunes 8 de noviembre, varios destacamentos de fuerzas especiales, de la Gendarmería y de las Fuerzas Auxiliares, entraron a saco al campamento dispuestos a expulsar a los residentes con todos los medios. De la batalla campal subsiguiente y los disturbios que se extendieron al día siguiente en todo El Aaiún, resultaron muertas 9 personas según las Autoridades marroquíes, y 11 saharauis según el comunicado que emitió ayer el “ministerio saharaui para los territorios ocupados”, dependiente del Frente Polisario.

La cuestión que sigue en el aire es la de saber quién y por qué tomó la decisión de asaltar el campamento. Muchos indicios apuntan a que la gestión de la crisis por parte de las Autoridades marroquíes se llevó a cabo en “varios centros de decisión”, el ministerio del Interior, el Palacio real y un sector de la cúpula militar. Y son muchos los que ven detrás de la crisis a los dos generales que dirigen respectivamente la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares. Es decir, Husni Benslimane y Hamidu Laanigri.

Contrariamente a lo que se ha escrito, las Fuerzas Armadas FAR no han intervenido en la crisis. Las unidades militares estacionadas en el territorio del Sahara Occidental, que ascienden a unos 150.000 efectivos, se mantuvieron ajenas a la operación de desalojo y a los enfrentamientos en El Aaiún.

Los dos generales en cuestión, Benslimane y Laanigri, forman parte del nucleo duro del poder marroquí. Sus posiciones acerca del conflicto del Sahara Occidental son conocidas y siempre se han mostrado partidarios de asentarse por la fuerza en el territorio, sin ninguna concesión a los partidarios de terceras soluciones. Es más, según círculos allegados a la cúpula militar marroquí, no ven con buenos ojos la propuesta de “amplia autonomía” hecha por el rey Mohamed VI, pues la consideran una fuente de inestabilidad y un riesgo para la unidad del país.

Se da además la circunstancia de que el general Husni Benslimane se encuentra en el punto de mira de la justicia francesa. El juez Patrick Ramael prosigue tenazmente su objetivo de interrogar al jefe de la Gendarmería marroquí por su presunta implicación directa en el secuestro y asesinato del opositor marroquí Mehdi Ben Barke en 1965. El gesto de fuerza de Benslimane al irrumpir violentamente en la escena del Sahara, podría traducirse como un mensaje dirigido al Palacio real para disuadirle de una eventual aceptación de la Comisión rogatoria enviada por el juez Ramael.

Otra circunstancia hace pensar en el protagonismo excesivo del general Husni Benslimane. Es el mantenimiento en prisión del coronel Terhzaz Kaddur, condenado por un delito de “revelación de secretos militares” en un juicio sumarísimo. El coronel Kaddour, que fue número dos de la aviación marroquí durante la guerra contra el Frente Polisario, mantiene una rivalidad manifiesta tanto con el general Benslimane como con el general Bennani, comandante de las fuerzas operacionales en el mando sur. Terhzaz Kaddour en sus partes de guerra enviados al rey Hassan II, más de una vez puso de manifiesto “la incompetencia” de los mandos superiores de las FAR y de la Gendarmería real en el Sahara, lo que le motivo un encono persistente de los mismos.

La tensión máxima que se vive en estos días en el Sahara Occidental y que incide directamente en las relaciones bilaterales entre Argelia y Marruecos, ha tenido también un efecto perverso en el caso del saharaui Mustafa Salma. Este inspector de la policía saharaui se pronunció favorablemente a la propuesta de autonomía formulada por Rabat en una visita familiar en Smara. A su vuelta a los campamentos de Tinduf fue arrestado y acusado de “traición”. Debido a la presión internacional, el Frente Polisario decidió liberarlo. Sin embargo Mustafa Salma no ha aparecido hasta ahora. Su familia, su padre Ismaili Mulay Salma, y su hermano Mohamed Cheij Salma, viajaron a Argel con la intención de dirigirse a los campamentos de refugiados en Tinduf. Sin embargo las autoridades argelinas, sin ninguna justificación, les han expulsado impidiéndoles de visitar a los familiares en Tinduf para conocer el paradero de su hijo.

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