Opinión

Benedicto XVI y un nuevo Renacimiento

Antonio D. Olano | Jueves 11 de noviembre de 2010
Siempre, desde el Cónclave que lo llevó a la silla de San Pedro, al Vaticano. Suelo añadir a mis comentarios un “desde el Renacimiento” porque, comparto la opinión de Graham Greene, el mayor y más injusto olvido de los Nobel, que decía que los “Borgia, con todos sus defectos humanos, hicieron el mayor movimiento artístico e intelectual de la Humanidad”. Son estos, otros tiempos y la cabeza visible de la Iglesia encabeza otro espectacular Renacimiento. Hace muchos años que sigo en la lectura de sus textos, las opiniones y sobre todo las observaciones, del filósofo alemán, un ser profundo filósofo en tierra de profundos filósofos que parece tan natural como torear en España o Francia y que llegó a mi modesta biblioteca y a mi voraz afán de lectura, cuando conocí al personaje merced a un más brillante alumno y por ello amigo, mi condiscípulo de parvulario, monseñor Rouco Varela.

Benedicto XVI honró a España con su presencia, también antes de llegar al Papado, en diversas oportunidades. Conoce perfectamente a los españoles, su a veces voluble personalidad tal y como demostró en el más reciente viaje ( peregrino en Compostela ante la tumba del Apóstol rendido admirador de Gaudí, el arquitecto que con las torres de la Sagrada Familia mejor señaló al cielo). Y, además dijo sus sabias palabras en español, con un uso del idioma magistral.

“Se ha desarrollado en España un laicismo fuerte y agresivo. Al parecer fueron estas palabras, directas como la piedra en ojo de boticario, lo que molestó a los fariseos. Opinión, para mi acertadísima, difícilmente asumible por los que quisieran ningunear al Pontífice, empleando directamente lo peor no solo del laicismo sino de cualquiera de las manifestaciones culturales o del uso de una mínima inteligencia. No pido equidad a esas pobres gentes que quieren imponer sus infamias con gritos, razones de los charlatanes. Don Miguel de Unamuno los separó ya de los españoles que piensan y de los otros, la multitud de ellos que embisten.

Quienes dicen las verdades no precisan edulcurizarlas, sino emplear las buenas maneras para llegar directamente a las conciencias. Y no empleo lenguaje coloquial, sino que escribo conciencia no solamente por su significado tópico, sino por lo que debe significar para quienes tienen “dos dedos de frente”.

Dejo a parte, la mierda no debe ser tenida en cuenta, desplantes y subversión de protocolos en recibimiento y después en la despedida. Doña Trinidad, como es sabido ministra docta en relaciones externas, porque no le dijo a Zapatero , felizmente el gran ausente, que el ilustre visitante es un Jefe de Estado y que, como tal y protocolariamente, hay que recibirlo y despedirle.

Algunos medios de comunicación lametraseros de quienes insultan y humillan a nuestro país, los mismos que inflan como un globo que pronto explosionará ante sus narices, en número de asistentes a sus inocuas y chillonas manifestaciones, insaboras, incoloras y sí inodoras.

Esos mismos perritos falderos quieren hacer creer que fue exiguo el recibimiento al Papa son los mismos que no se sienten ofendidos y si acaso agradecidos a los Chávez, marroquís, gibraltareños je no encuentran mejor dialéctica que la de ofender a España. Muerden la mano de quien les da de comer.

Mientras tanto pretenden que sus ya escasos votantes crean que el lobo era Caperucita (Roja, naturalmente) y que comulgamos con ruedas de molino. Leo en una columna firmada por un colectivo de cuatro buenos informadores, bajo la rúbrica de G-4:
“Los que no celebran su visita (se refieren a la del Papa) tienen la suerte de vivir en un sistema que le debe muchos de los valores que él defiende. Y no solo los religiosos”.

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