Opinión

El juicio a un delincuente llamado Otegui

Viernes 12 de noviembre de 2010
ETA y Batasuna son engranajes de una misma maquinaria. Los unos sin los otros no son nada. Semejante argumento ha sido refrendado por diversas instancias judiciales, tanto nacionales como supranacionales; de cualquier modo, es algo que ha resultado evidente desde siempre. Así las cosas, la vista pública en la que se decide si Arnaldo Otegui incurrió en el delito de enaltecimiento del terrorismo es simplemente eso, un juicio a un delincuente. Conviene recordar que es la cuarta vez que el portavoz de Batasuna comparece ante la justicia, teniendo las causas anteriores el mismo denominador común. Y en un Estado de Derecho, quien vulnera la ley debe responder de ello ante los tribunales. Ni más, ni menos.

Puede tener razón Otegui al afirmar que el PSOE sabía de antemano el contenido del discurso por el que se le juzga. En todo caso, que eso les sirva de lección a todos aquellos que, en alguna ocasión, han sucumbido a la tentación de mantener tratos con criminales. Entre las tareas de todo gobierno está la de tomarle la temperatura a las posibles amenazas del Estado, pero no negociar con ellas ni ofrecerles nada a cambio. Otegui fue tildado en su momento de “hombre de paz”, y aún hoy, un cierto sector de la izquierda -encabezado por el líder de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren- no acaba de ver mal el seguir confraternizando con el enemigo. Porque Otegui y los suyos son precisamente eso, enemigos de la convivencia democrática. Y por eso precisamente comparecen ante los tribunales. En España, quien quiera hacer política, que la haga, pero respetando las reglas del juego y, sobre todo, el derecho a la vida y a la libertad. Quien prefiera delinquir, ya sabe lo que le espera. Ese y no otro es el discurso que debe mantener el Gobierno.

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