Liev N. Tolstói: Memorias. Infancia-adolescencia-juventud . Backlist. Barcelona, 2010. 430 páginas. 21 €
La carrera literaria de Liev Nikoláyevich Tolstói (1828-1910), autor brillante, meticuloso, delicadamente sincero, comenzó con estas
Memorias, escritas en la década de 1850. Apenas diez años después escribiría sus dos grandes novelas psicológicas –
Guerra y paz y
Ana Karenina–, pero fue en las
Memorias donde Tolstói ensayaría por vez primera su personal técnica narrativa, fundiendo verdad y sencillez con magistral resultado. Los biógrafos del novelista ruso reconocen en Nicolás Petrovitch Irteneff, protagonista de la obra, al mismo León Tolstói, quien dejó interrumpidas las memorias en plena etapa de juventud con la promesa –incumplida– de ofrecer una segunda parte al lector.
La obra realiza un pausado recorrido por el crecimiento y desarrollo intelectual de quien comienza –naturalmente– siendo un niño y presenta el mundo que le rodea con claridad y sencillez extremas, propias de la inocencia que acompaña a sus primeros recuerdos familiares. El descubrimiento del dolor y la fragilidad de la condición humana marcan el fin de un periodo luminoso, en el que una atmósfera distinguida, elegante y musical envolvía cada detalle, cada recuerdo. La imaginación da paso a un cierto idealismo como herramienta para interpretar el mundo cuando se produce el tránsito a la adolescencia. Es ahora cuando se pone en boca del entrañable Nicolás una serie de ideas, entre ellas la sinceridad como virtud rara y preciosa o el afán por contribuir a la regeneración y felicidad de la humanidad; aspiraciones que posteriormente trataría de alcanzar el mismo Tolstói a través de su activa carrera literaria e intelectual.
La etapa de juventud de las memorias coincide con el choque de la idealidad con la realidad, poniendo de manifiesto la aparente dificultad de materializar aquello que sólo existe dentro de nosotros. El modo en que Nicolás –o Tolstói, pues cada vez resulta más obvio el paralelismo– explica esta dificultad resulta tan comprensible como ingenioso: “¿Por qué es tan bello y está tan bien ordenado en mi cabeza mientras que sobre el papel aparece tan mal reproducido, como sucede en general en mi vida cuando quiero aplicar una idea cualquiera?” El mismo Nicolás parece descubrir poco después la condición principal para ajustar a su realidad el ideal moral con que desea fervientemente vivir, ese
comme il faut que incluso le lleva a redactar unas “Reglas de la vida” propias. Y es que para Nicolas Petrovitch Irteneff, protagonista de
Memorias, como para Liev N. Tolstói, protagonista de este año 2010 en que se conmemora el
centenario de su muerte, una de las principales condiciones del
comme il faut, y también de la literatura, es la de “mantener muy bien oculto todo el trabajo que le cuesta”.
Por Lorena Valera Villalba