Martes 16 de noviembre de 2010
A tres semanas escasas de las elecciones autonómicas catalanas, los nervios empiezan a aflorar. Especialmente en los dos principales valedores del Tripartiro, PSC y Esquerra. Sabedores del descalabro que se les viene encima, no dudan en sacar toda su artillería pesada para intentar evitar lo inevitable. Si hace pocos días era Montilla quien apelaba al voto del miedo para no votar a CIU y PP, ayer el líder de Esquerra, Joan Puigcercós, sacaba nuevamente a pasear el victimismo faltón que tanto gusta a los nacionalistas para denunciar que Cataluña da mucho y recibe muy poco, mientras en Andalucía “no paga impuestos ni Dios”. Se jactaba, además, el preclaro político catalán, de decirlo “en castellano para que lo entienda todo el mundo”.
No hacía falta. Los exabruptos suenan igual de mal se profieran en la lengua que se profieran. Parte de la grandeza de España hay que agradecérsela a la riqueza que generan comunidades autónomas como la catalana y que, en virtud de una solidaridad fiscal cada vez más devaluada, se redistribuye entre todos de acuerdo a sus necesidades. Cataluña es grande por eso y por mucho más. Entre otras cosas, por el resto de españoles que no han nacido allí pero que con su esfuerzo y trabajo diario contribuyen al progreso de aquella tierra. Y del resto de las que conforman España.
Además, conviene recordar que quien así habla es socio preferente de los socialistas en Cataluña, y lo fue durante mucho tiempo del PSOE en el Parlamento nacional. Y lo que ahora dice Esquerra no difiere sustancialmente de lo que viene siendo su tradicional discurso. Eso lo sabía el señor Zapatero cuando optó por ellos como socio constituyente en detrimento del PP, y firmó pactos como el del Tinell. Durante todo este tiempo han sido sus compañeros de viaje. Habrá que preguntar ahora en Ferraz si comparten sus puntos de vista y, de no hacerlo, cómo es que en todos estos años no les han molestado lo más mínimo.
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