Enrique Aguilar | Miércoles 17 de noviembre de 2010
El ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires reconoció como un hecho evidente que “los sectores más pobres se ven perjudicados por la variación de precios”. Con estas palabras, el funcionario de marras vino a responder a las declaraciones de Amado Boudou, titular de la misma cartera pero en el nivel nacional, para quien la inflación es sólo “una preocupación de la clase media-alta”.
También el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, señaló en respuesta a Boudou que es en la franja de menores ingresos donde “impacta más fuertemente” el aumento de precios, en especial el que se registra en el rubro alimentos y bebidas. (Según datos proporcionados por La Nación los alimentos están terminando el año con un incremento que ronda el 40 %, liderado por la carne, mientras la inflación anual calculada alcanza el 24 %). Y en la misma línea podrían citarse otras tantas opiniones de políticos, economistas, profesores y amas de casa que, en consonancia con lo que una biblioteca entera prescribe, descalificarían los dichos del Boudou en el entendimiento de que son los sectores más desprotegidos los más castigados por el flagelo de la inflación.
Sin embargo, la Argentina se da el lujo de contar con un ministro de Economía, que acredita estudios de posgrado, pero que sostiene precisamente lo contrario. Tal vez un día le escuchemos decir que no hay inflación, o que se trata tan sólo de “una sensación”, como suele sostener el actual Gobierno acerca de lo que constituye la mayor preocupación, según todos los sondeos, de los argentinos: la inseguridad.
Me siento tentado de suponer que en cualquier país serio semejante boutade, salida de boca de un ministro, lo hubiese puesto de patitas en la calle. No es este el caso, por cierto. De todas formas, hace rato que los argentinos nos hemos resignado o cuando menos acostumbrado a que algunos funcionarios piensen y obren como si vivieran en otro planeta.
TEMAS RELACIONADOS: