Cien días como secretario de Organización del psoe
Miércoles 17 de noviembre de 2010
La llegada de Marcelino Iglesias a la Secretaría de Organización fue silenciada por la última crisis de Gobierno y, en particular, por el sonoro nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente. Se hizo con el liderazgo de los socialistas, sólo por debajo de Rodríguez Zapatero, tras el ascenso de Leire Pajín que, a su vez, aprovechó en su día el de José Blanco para llevar la voz cantante en Ferraz. El de Iglesias es, por tant,o un puesto de confianza del presidente y también un trampolín.
Pero con Iglesias ha cambiado el registro. Del tono acusador de Blanco, fiscalizador de los pasos del Partido Popular y oposición permanente de la oposición, y de la defensa férrea de Leire Pajín a los intereses de su líder, a un barón autonómico afable con los medios, calmado en sus palabras y parco en titulares. Un nuevo perfil acorde al cambio en materia de comunicación que el Ejecutivo quiso ofrecer con Pérez Rubalcaba y Jáuregui en Moncloa e Iglesias en Ferraz.
La voz del PSOE debe lidiar con un manifiesto descontento interno en el seno de los barones. Él es uno, pero le toca estar en el otro lado. El descalabro en Cataluña, uno de sus primeros disgustos en el cargo, puede quedarse en ensayo de una pérdida de comunidades en mayo, principalmente dos feudos clave como Andalucía y Castilla-La Mancha. Los problemas crecen en la tierra que ha gobernado Manuel Chaves durante 19 años. Matsa y un Griñán que no ha calado apagan las esperanzas de salvar los muebles en esta región.
Sin olvidar Madrid. La tirantez entre Tomás Gómez y la cúpula socialista en el Ejecutivo no es tan grave como los últimos sondeos, que distancian a Aguirre en 25 puntos, como las últimas informaciones, que hablan de la condena de Trinidad Rollán, mano derecha de Gómez, y su, pese a esto, continuidad en el partido, no así en las listas electorales. Y es Marcelino Iglesias quien debe explicarse ante la opinión pública con un permanente viento en contra desde que accedió al puesto.
Cien días en los que, principalmente, Iglesias ha debido traducir en satisfacción el descontento con el líder y los distintos intentos de distanciamiento de las comunidades socialistas de Moncloa para salvar los muebles en mayo. Por si fuera poco, el secretario de Organización debe sostener que Rodríguez Zapatero continuará, mientras destacados militantes como Guillermo Fernández Vara, presidente extremeño, se confiesan apasionados de Pérez Rubalcaba.
"Los que hablamos con él le vemos con ánimo, con ganas, con capacidad de recuperación, llevando el timón y sabiendo a dónde quiere llevar el país", explica Iglesias. Ocupa un cargo sensible, se encuentra entre dos bandos de igual procedencia pero distintos pareceres, los dos desanimados por las encuestas. Los próximos cien días deberá demostrar que era la persona que el presidente quería para el puesto. Se avecina tempestad y petición unánime de responsabilidades si las urnas dictan lo que hoy fijan los sondeos. A él le tocará seguir entre los dos bandos, aunque le duelan las comunidades, especialmente Aragón, también en la cuerda floja.
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