Opinión

Los medios del poder

José Antonio Ruiz | Viernes 19 de noviembre de 2010
Como la barcaza mediática siga dando tumbos a la deriva, naufragando en la ciénaga del please please (favor por favor a cuenta de la realpolitik que Bismarck se sacó del mostacho), acabaremos todos como Cánovas, perdiendo la fe en el sufragio universal, en la libertad de expresión y en los españoles.

¿Quién controla a quién? ¿Los medios al Gobierno, o viceversa? - ¿El poder de los medios? ¿O los medios del poder? - ¿Es una vieja alarma infundada plantear que los tiempos de estrecheces económicas y de relativismo existencial suelen ser propensos para que prosperen los modelos clientelares por la vía del apesebramiento? ¿De veras la escena del sofá del Tenorio quedó circunscrita a la Sevilla de Carlos I de España?

Sí, ya sé que estas elucubraciones sólo las pueden hacer quienes se han caído de un guindo del Valle del Jerte; pero mal camino llevamos si el de la información (excluida queda, premeditadamente, la industria del entretenimiento) se ha convertido, única y exclusivamente, en un negocio como cualquier otro.

Ni los políticos ni las empresas periodísticas, en sentido genérico, son gentes de fiar. Mienten más que Yago, el alférez del Otelo shakesperiano, porque en su inmensa mayoría responden a intereses obscenos (el poder y la cuenta de resultados) que les inhabilita, a los unos para erigirse en paladines del bien común, y a los otros para ejercer de predicadores chusqueros de la verdad y el pluralismo.

Una vez en el buche la tarta publicitaria de TVE, el lobby feroz de UTECA (el chiringuito de las televisiones privadas) está en su derecho de volver a la carga para zamparse también la cartera comercial de los BOES audiovisuales autonómicos. Pero a diferencia de este ingenuo columnista (contrario, no ya a los perversos sistemas mixtos de financiación, sino a la existencia misma de medios de comunicación de titularidad pública), a los prebostes de las televisiones privadas se la refanfinfla que el gobierno central y las taifas unicejas echen o no el cerrojo a sus terminales de propaganda. Lo único que quieren es repartirse el botín (ni hablar de privatización, porque habría más comensales entre quienes repartir), y que los contribuyentes paguemos, íntegra, la factura del despiporre audiovisual.

El competente (y no es coña, sino admiración sincera) consejero delegado de Antena 3, Silvio González, brama y abomina contra la doble financiación de las autonómicas. Pero con la otra mano pone el cazo, sin ningún sonrojo, para exigir esa misma doble financiación para las privadas, cinco minutos después de pavonearse de que la tele de la mosca haya obtenido un beneficio neto de 63 millones de euros (un 231,8% más) al cierre de los nueve primeros meses del año.

Hace un telediario, los gerifaltes de Antena 3 y La Sexta, sobreactuando con un histrionismo ridículo en el papel de doncella despechada, montaron la Orestiada de Esquilo a cuenta de la vista obesa de Moncloa a la entrada de Telefónica y Telecinco en Digital Plus. ¿Acaso les preocupa que la concentración haga peligrar la matraca del pluralismo? (…) ¡Y una mierda! –como doy por hecho que exclamaría el inolvidado Fernán Gómez. Fingen estar cabreados porque son incapaces (porque no lo tienen nada claro) de hacer lo propio y se les ha adelantado la competencia, viniendo además a insuflar un alivio momentáneo a la Prisa supuestamente moribunda, amén de otros motivos menos obvios y confesables.

Nada que objetar al marxista multimillonario Jaume Roures (el dueño de Medriapro), a Alejandro Echeverría (presidente ejerciente de UTECA y decorativo de la Telecinco berlusconiana), a Maurizio Carlotti (vicepresidente gondolero de Antena 3), a Javier Díez de Polanco (consejero delegado de Sogecable hasta la incierta jubilación de Juan Luis Cebrián), a Diego Alcázar (presidente de Vocento) o a Julio Ariza (presidente de Intereconomía, “orgulloso de ser de derechas” como La Sexta y Público, entre otros libelos, orgullosos de ser burdos panfletos sectarios pro-PSOE). ¡Hay que ver lo que une el interés! Pero que no nos traten como gilipollas a quienes todavía albergamos la esperanza de no serlo del todo y de poder escapar in extremis del establo donde los dueños del sarao le tienen preparado el forraje a esa borregada innominada que se conoce con el agropecuario nombre de “opinión pública”.

No haría falta trato de favor alguno ni prebendas con el dinero ajeno si fueran capaces de gestionar como es debido un modelo de negocio solvente y viable. Si son incapaces de cuadrar sus cuentas y necesitan al cuerpo de bomberos, que financien ellos la operación de rescate y de paso las campañas electorales de sus respectivos mentores políticos, no los administrados.

El omnipotente vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, consciente de la necesidad de mejorar la imagen pública de su excelsa figura, por lo que pudiera pasar (en el supuesto improbable de que a Zetapé le sobrevenga la vocación de minero de El Bierzo), se propone completar el Plan Prever para la tele, coitus interruptus tras la marcha de su predecesora María Teresa Fernández de la Vega, lo que supone desenterrar las ayudas a la prensa de papel, en una macabra suerte de paralelismo con el desenfreno exhumatorio de la Ley de memoria histórica.

El presidente dadivoso (Anson dixit) parece dispuesto a adelantar por la derecha al mismísimo Nicolás Sarkozy, que le ha prometido a los editores un paquete trienal de ayudas por la módica cantidad -¡con la que está cayendo!-, de 600 millones de euros. Acabamos con el modelo inadmisible de la financiación mixta para TVE, y a punto estamos de copiar la pócima milagrosa para las televisiones privadas. ¡Cojonudo!

En Francia y en esta España nuestra multi-orgásmica y farisea tendremos otro sector subsidiado, como los sindicatos farderos, los partidos porno-políticos o las entidades privadas gestoras de derechos de autor. Lo malo es que el regalo no es gratis. Lo pagaremos todos (como ahora sufragamos a escote los 3.000 millones de euros que nos cuestan al año las televisiones públicas) sin necesidad de ser suscriptores de ningún diario. Y el obsequio envenenado se hará coincidir en el tiempo con las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011.

A diferencia de la vice, que sólo parecía tener flequillo para las televisiones, Rubalcaba gusta más del papel impreso (debe ser que, como Felipe, se entera del devenir por los periódicos), y dispuesto parece estar a ponerle un piso a los editores. Dicho lo cual, habrá forraje y pienso para todos, para regocijo indescriptible de la AEDE, cuya cabeza visible de turno la ostenta el consejero delegado de Unidad Editorial Antonio Fernández-Galiano. ¿A ver quién va a ser el chulito que no le encuentra a Alfredo parecido con George Clooney, estando como están todos, en mayor o menor medida, entrampados hasta la linotipia?

La figura de la mantenida es un clásico de la literatura universal que tanto juego ha dado al celuloide en blanco y negro. La de los medios de comunicación subsidiados, al tiempo, promete dar inclusive más juego todavía. ¡Lástima que Berlanga haya elegido los cielos de San Pedro como decorado natural para su próximo rodaje!

Y en estas que salta al ruedo el “visionario” Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique), convencido de haber descubierto la pólvora, y se saca de la manga el cuento del Quinto Poder, en un intento de fiscalizar los desmanes de la canallesca periodística colocando un gendarme con la porra a los todopoderosos emporios mediáticos.

No me quiero poner estupendo porque me entra la risa floja. Pero humildemente creo que esto sólo tiene arreglo a partir del principio de responsabilidad individual, pues ya se sabe que las revoluciones en masa suelen acabar todas como la Rebelión en la granja del otro Jorge, el tal Orwell. Entretanto, El País y El Mundo, duopolio informativo del publirreportaje guiado por Mohamed por el oasis idílico del Sáhara. Al resto, ni agua. Cada día que pasa, la casta política y la periodística es más insostenible. Hipocresía: patrimonio de la Humanidad.

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