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China expulsa a los informadores extranjeros y aumenta la presencia militar

El gigante asiático admite el uso de armas de fuego en la represión

Jueves 20 de marzo de 2008
Veto a la prensa extranjera

Las autoridades chinas han expulsado de Tíbet a dos periodistas alemanes, los dos últimos informadores extranjeros que permanecían en la región desde que estallaron las revueltas. Se trata del corresponsal del semanario "Die Zeit" y el diario "taz" Georg Blume y de la colaboradora de la revista austríaca "Profil" Kristin Kupfer.



Ambos periodistas habían desoído durante varios días las exigencias de la policía local de que abandonaran el país, pero finalmente y tras la amenaza de ser expulsados no sólo de Tíbet sino de China, decidieron acatar las órdenes.

"Se nos dijo de forma muy intimidatoria que si no nos marchábamos podríamos tener problemas muy graves, también en lo que respecta a nuestros visados", dijo Blume.

Previamente, habían sido expulsados de Lhasa el corresponsal de la revista británica "Economist" James Miles y varios periodistas de Hong Kong.

En su edición de este jueves, el diario berlinés "Taz" incluye un amplio reportaje de Blume en el que recoge las declaraciones de un joven tibetano que participó en las manifestaciones sangrientas de la semana pasada.

El joven, cuya identidad permanece anónima por temor a sufrir represalias, asegura que el origen de las protestas juveniles fue una reacción espontánea al asesinato de siete monjes manifestantes de manos de la policía militar china en un templo cercano a la capital.

Tras este incidente muchos jóvenes decidieron salir a las calles. Los únicos que estaban organizados eran los estudiantes tibetanos agrupados en la organización "Leones Blancos".

El testigo relata que una vez que se desencadenó la cólera no hubo contención y todas las tiendas que se sospechaba que podían ser propiedad de chinos fueron asaltadas e incendiadas.

El citado joven sostiene que China es "el peor país del mundo" y que los empresarios chinos explotan a los tibetanos, pero al mismo tiempo confiesa que "muchos de nosotros fuimos demasiado lejos y que la mayoría de las víctimas eran chinos.




La prensa extranjera tiene el acceso vetado no solamente al Tíbet sino a las provincias vecinas, como Sichuan, Gansú o Qinhai, por lo que las informaciones directas son muy difíciles de obtener. Según Pekín, las protestas fueron orquestadas por el Dalai Lama desde su exilio en la India, un extremo que el líder espiritual tibetano niega, amenazando con dimitir y pidiendo incluso el regreso a la negociación con China sobre una mayor autonomía para el Tíbet.



China reconoce pocos arrestos

Las autoridades chinas han reconocido que las protestas violentas se ha extendido a las provincias con fuerte población tibetana vecinas al Tíbet, en cuya capital Lhasa, detuvieron a 24 personas y 170 se entregaron, según la agencia oficial Xinhua. Según testigos citados por AFP, Pekín está reforzando su contingente militar en torno a Tíbet.

Las autoridades chinas han expulsado de Tíbet a dos periodistas alemanes, los dos últimos informadores extranjeros que permanecían en la región desde que estallaron las revueltas. Se trata del corresponsal del semanario "Die Zeit" y el diario "taz" Georg Blume y de la colaboradora de la revista austríaca "Profil" Kristin Kupfer.

A pesar de este veto a la prensa extranjera, siguen siendo los periodistas los que más datos dan de la situación que se vive en Tibet estos días. "He visto un convoy de al menos 200 camiones con 30 militares cada uno, por lo que cerca de 6.000 soldados están siendo desplazados en una sola jornada", ha informado Georg Blume, periodista del diario alemán Die Zeit, tras ser expulsado de la capital tibetana, Lhasa.

Otro testimonio, el de un reportero de la BBC, ha afirmado que desde el oeste de China ha podido contar unos 400 vehículos militares en dirección a Tibet. Este mismo periodista ha informado de que los militares de estos vehículos van equipados con armas automáticas con bayonetas.

Otros periodistas de la cadena pública británica han informado de la llegada de un tren con dos decenas de vehículos, camiones y coches 4x4, a la línea fronteriza entre Qinghai y Gansu. Estos reporteros han leído sobre los vehículos la frase "Fuerza de reacción rápida de la policía armada china".




La revuelta se extiende más alla de Lhasa

La violencia desatada en las provincias de Sichuan y Gansú está estrechamente vinculada a la sucedida en Lhasa y coordinada por "el Dalai Lama y su camarilla", según fuentes gubernametales locales, citadas por Xinhua. "Los hechos no fueron coincidencia sino que estuvieron coordinados. Fueron sabotajes bien organizados y premeditados cuyo ulterior motivo es perturbar los Juegos Olímpicos de Pekín, destrozar la paz y estabilidad, y dividir el país", dijo Zhang Yusheng, portavoz del gobierno provincial de Gansú.

Según el periódico oficial Tibet Daily, las dos docenas de sospechosos fueron además arrestados por "poner en peligro la seguridad nacional, golpear, destrozar, saquear y otros crímenes graves", que originaron inestabilidad y violencia. La cuidada terminología de "crímenes graves" y "atentado contra la seguridad del Estado" alude, según fuentes independientes, a que en China se pueden aplicar a los responsables de estos delitos duras condenas e incluso la pena de muerte.

La montañosa zona de Aba, en el noroeste de Sichuan, junto a los condados de Xiahe, Maqu, Luqu y Jone y la ciudad de Hezuo, al sureste de Gansú, sufrieron las principales protestas, reconocieron las autoridades y, en esta última, los manifestantes atacaron oficinas gubernamentales y escuelas.

Según la agencia Xinhua, los disturbios acarrearon "grandes daños" a tiendas y oficinas gubernamentales chinas en el condado de Aba, en la provincia vecina al Tíbet de Sichuan, de fuerte población tibetana, confirmando oficialmente la existencia de manifestaciones violentas fuera de la región autónoma.

Por otra parte, el Dalai Lama, líder espiritual tibetano, ha expresado en una conferencia de prensa su temor a que sean "numerosas" las víctimas por la represión china: "No sabemos la cifra exacta, unos dicen seis, otros dicen cien. Me preocupa que haya habido muchas víctimas".

El líder espiritual ha manifestado también su predisposición a reunirse con el presidente chino, Hu Jintao, si cesa la violencia.Las provincias vecinas de Tíbet fueron tomadas por las Fuerzas Armadas y las únicas imágenes que ofrecen la cadena de televisión nacional CCTV es la de camiones militares cruzando calles por las que patrullan decenas de soldados.

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