Regina Martínez Idarreta | Domingo 21 de noviembre de 2010
Aprovechando un viaje en tren, esta semana me he leído un fabuloso libro que habla sobre cuatro mujeres que, como todas, están taradas. El título, “Taradas”; la autora, Viviana Fernández García. Normalmente huyo y reniego de la literatura “femenina” y, en general, de todo lo que huela a autocomplacencia feminoide. No hay nada más cursi y cargante que esas revistillas “para mujeres” llenas de frases hechas, artículos bienintencionados y autoayuda de todo a cien para que las mujeres de hoy en día encaren con “valentía” los retos cotidianos de su complicada vida. Detrás de toda esa basurilla políticamente correcta suelen esconderse un montón de cursis con actitud de liberadas y mucha tontería encima. Sabelotodos contradictorias que por más que se empeñen en vendernos la moto de que las mujeres somos estupendas, más listas y más guapas y más todo que los hombres, luego son incapaces de levantarse en serio contra las auténticas esclavitudes de las mujeres contemporáneas.
Hace bien poco, por ejemplo, una revista de estas dedicaba su portada y un reportaje a una modelo de “tallas grandes” que medía 1,77 y pesaba 65 kilos. Con la "letra pequeña" se escandalizaban de que una mujer que en el mundo real sería considerada incluso demasiado delgada se clasificara como modelo XXL. Pero en la práctica, ellas mismas contribuían a normalizar esa perversión de las percepciones corporales de las personas tratándola como modelo XXL y poniendo otros ejemplos de “estupendas” mujeres, sexys a pesar de sus curvas. Mujeres que, en el fondo, no dejaban de ser chicas delgaditas. Eso sin contar que los anuncios publicitarios de mujeres escuálidas y entregadas a su propio culto y al de los hombres que copan la revista, vacían todo significado cualquier buena intención respecto a la defensa de la “mujer real”.
Afortunadamente, aparte de estas cursiladas absurdas, de vez en cuando surgen pequeñas joyas dentro del “mundo de lo femenino”. Autoras como Lucía Etxebarria o la misma Viviana Fernández García, muestran en sus novelas a personajes que, si bien se mueven en extremos y límites propios de la ficción, sí tienen en común la rara cualidad en este género de estar bien ensamblados y derrochar realidad. De la sucia y parda; de la que huele y muta según el día y el momento; de la que está hecha la vida. Estas autoras saben expresarse y condensar con maestría los recovecos del “universo femenino” o, mejor dicho, de esos seres humanos que además de muchas otras cosas da la casualidad que son mujeres. Niñas, esposas, madres, amantes, hijas, adolescentes, cabronas, sufridoras o castigadoras pero, por encima de todo, personas. No esos personajes planos y sin matices en que se empeñan convertirnos las Bridget Jones de turno o las revistillas de tres al cuarto. Personas taradas, como lo somos todos, y no personajes plastificados y políticamente correctos como se empeñan muchos.
TEMAS RELACIONADOS: