Opinión

Elecciones en Cataluña: Una lucecilla de vida para "los toros"

Pedro J. Cáceres | Domingo 21 de noviembre de 2010
Una lucecita verde en cualquiera de sus gamas siempre se matiza de esperanza. Verde “semáforo”, de paso libre contra el rojo de la prohibición de los toros en Cataluña para el 2012, es la añorada.

Tenue, muy tenue y al final del negro túnel o haciendo equilibrios en el filo de la navaja o el borde del abismo de la intolerancia, al menos, si no está, ansiosos se la espera; más con ilusión que pragmatismo, cierto, escrutando, escarbando los avances de encuestas respecto de las elecciones a la Generalitat del próximo domingo.


Tal circunstancia no está en el crecimiento de CyU al borde de la mayoría absoluta, hoy, según las encuestas después de siete días de campaña electoral. No. Ya sabemos como piensa y como se ha comportado Convergencia en la tramitación y desarrollo prohibicionista de la ILP. No.

En cambio si es conocida la flexibilidad de cintura, consumados expertos en el chalaneo fenicio más puro, para pactar con Dios y el diablo a la vez con tal de conseguir sus objetivos que al final se reducen, como buenos catalanes, a la pela. ¡La pela es la pela!


En este contexto y cuando parece que, según las encuestas, su techo estaría a 3 o 4 escaños de la mayoría absoluta, lo que le posibilita gobernar en minoría sin necesidad de pactos totales, el matiz diferenciador está en la necesidad de pactar hechos, resoluciones y leyes puntuales.

En múltiples circunstancias solo PP y Ciudadanos posibilitarían el placet; por ideología más afín en el liberalismo económico, y viejas heridas sin cerrar resultantes de los contenciosos de Convergencia con los integrantes del tripartito,

Y, porque no nos olvidemos, que simultáneamente con las encuestas a la catalana se publican, a año y media vista (si no es antes), las que atañen a las legislativas españolas donde todo apunta a la mayoría absoluta del PP.

Eso Convergencia lo sabe, y el terreno no se abona de un día para otro. La siembra se esparciría a partir del próximo día 29 de forma dosificada hasta las Generales y a partir de ahí especular sobre la cosecha. Si bien, de agotarse la legislatura, cualquier fecha de 2012 será tarde para la abolición o, al menos, moratoria de entrada en vigor de la ley prohibicionista catalana.

Sí, un aplazamiento de la entrada en vigor de la ley no subvertiría la postura y apostura de los convergentes en aras de una racionalización en tiempo y forma de llegar a la prohibición de la manera menos traumática y lesiva, no solo para el sector profesional, ciudadanos y aficionados, si no para una administración que se va a encontrar de primeras con unas arcas públicas famélicas y teniendo que hacer frente a indemnizaciones millonarias.

Sentido común, ganar tiempo (todos), sosegar el debate y atemperar posicionamientos intransigentes mientras se pronuncia el Tribunal Constitucional, el gobierno, futuro de la Nación previsible del PP) sobre la Fiesta, el resto de Comunidades y se pueda dar la vuelta definitiva a una ley que también tiene talón de Aquiles: bien por inconstitucional, por imposibilidad de afrontar el resarcir de los damnificados o simplemente por sentirse aislados, rechazados por gran parte de los ciudadanos catalanas y del resto de los españoles. Si bien tal circunstancia importa poco a los nacionalismos no lo es menos que tras las elecciones previstas para 2012 por mor de un nuevo mapa político, según las encuestas, tendrán la necedad, aún en formato de trágala, de integrarse convenientemente.

Un indicio relevante, que no puede pasar desapercibido, han sido las advertencias que el Presidente virtual del Gobierno, “Maquiavelo” Rubalcaba, ha hecho referente a anticipar, perversamente, y dar por hecho un pacto CyU-PP de facto, ya.

Ahora, y a partir del próximo lunes, de confirmarse los vaticinios, la pelota sobre los toros en Cataluña está más que nunca en el tejado del PP: de inmediato en el de Cataluña y solapadamente convergiendo, nunca mejor dicho, con el “partido nacional”.

Además, después de muchas dudas en el tactismo electoralista, al PP y a Ciudadanos, no les ha ido tan mal la inclusión en sus programas y poner en la calle el debate sobre la merma de libertad y calidad democrática que supone la ley censora.

Tal es así que, desde que comenzara la campaña y se conociera la “letra pequeña” de los programas ambos partidos han crecido hasta una bolsa de los 22 escaños sobre los 17 que sumaban los 14 de los populares y los 3 de la muchachada de Albert Rivera.

Pero hay más. Queda una semana por delante y un porcentaje de indecisos o posibles abstencionistas amantes , simplemente, de la libertad que podrían animarse a ir a las urnas, tan solo, a defenderse del intervencionismo humano que limita la libertad de las personas a organizarse su tiempo, su ocio y sus aficiones. Un caladero entre otras opciones políticas como la astracanada de Laporta, votos en blanco y, repito, abstención e indecisos del 50 por ciento. Hay margen por tanto para crecer.

Es hora que estas formaciones políticas echen “el resto” y las militancias taurinas hagan también campaña en tal sentido en busca del sufragio taurino, pero también el de la libertad. Votar en conciencia individual por la libertad no está reñido ni con la ideología ni con la utilidad en el destino de la papeleta.

La luz, cierto, es de vela o candil antes que halógena. Su “verde”, esperanza, reside en la diferencia entre lo imposible y lo improbable.

En este punto: ¡que ocasión! para que en el cierre de campaña y, o, vísperas aparecieran por Barcelona y Cataluña las grandes figuras del torero idolatradas e idealizadas por multitud de aficionados y ciudadanos sin graduación taurina: José Tomás, El Juli, Ponce, Morante, Manzanares, Cayetano…

Es otro ejemplo de la disquisición entre lo imposible y lo improbable.
Si bien la improbabilidad es todavía mayor, y adosada a lo imposible, que la abolición o moratoria de la ley castradora.

Allá ellos. Duro, pero es así. “El toreo”… en fase miseria.

Si la “Celeste”, Lina Morgan, reventó el tópico de ser un color; el verde, el “chachi”, no el político (pura impostura), no es “antitaurino”, todo lo contrario, a fuer de ecológico.

¡A por el!

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