Opinión

Zapatero y el fin de ETA

Lunes 22 de noviembre de 2010
En el publirreportaje que este pasado domingo le dedicaba El País, José Luis Rodríguez Zapatero manifestaba que ve difícil el final de ETA durante esta legislatura. Dicha afirmación, puesta en boca de cualquier otro mandatario de los que en España ha habido desde la vuelta de la democracia sería tomada como lo que parece, una reflexión pesimista sin más. Pero no en este caso. Y es que cada vez que el actual Presidente del Gobierno ha hablado sobre terrorismo, lo ha hecho guardándose algún as en la manga, o sencillamente no diciendo toda la verdad.

Nadie duda que el señor Zapatero desee el fin de ETA, como lo desea cualquier ciudadano de bien. El problema es el precio que el Presidente está dispuesto a pagar. Es un hecho que los nacionalistas le han sacado al jefe del Ejecutivo todo lo que han querido y más. El propio Urkullu manifestaba hace bien poco que en las conversaciones PSOE-PNV para aprobar los PGE se pusieron sobre la mesa temas como el de los presos de ETA o la suerte que correrá Batasuna próximamente. Y eso es preocupante.

Pese al teórico acuerdo alcanzado por PP y PSOE que impediría a Batasuna concurrir a comicio alguno -con cualquier tipo de lista electoral- mientras se niegue a condenar la violencia, experiencias del pasado reciente no invitan precisamente al optimismo. Los guiños constantes a los presuntos movimientos internos de Batasuna tampoco vaticinan nada nuevo. Porque, mientras, ETA sigue enviando cartas de extorsión a los empresarios vascos, señal inequívoca de que su intención es mantener viva la actividad terrorista.

La tentación de apuntarse el tanto del final de ETA es muy fuerte para cualquier presidente. Pero lo que el señor Zapatero debe entender es que para llegar a tan ansiada meta el camino a recorrer debe seguir siendo el de la presión policial y judicial, que es lo que se está mostrando como realmente efectivo. Otras aventuras de aproximarse al entorno terrorista acabaron enterradas bajo los escombros de la T-4, como señaló apropiadamente Alfredo Pérez Rubalcaba. Acercarse a Batasuna es acercarse a ETA. Y darle esperanzas a unos es hacer lo propio con los otros. Que no lo olvide.

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