Antonio D. Olano | Lunes 22 de noviembre de 2010
Los verdaderos aficionados al teatro, los que hemos demostrado nuestro valor a favor del teatro, aquellos a quienes el valor no puede suponérsenos, buscamos satisfacer nuestra adhesión no solamente en los estrenos, otra feria de las vanidades, sino en donde adivinamos que está esa máxima expresión cultural y humana, incluyendo los escenarios más modestos o menos conocidos.
El “Círculo Catalán” de Madrid me brindó, en dos jornadas, dos regalos escénicos representados por aficionados. El primero “Comunidad de vecinos”, un divertidísimo juguete cómico, con entidad suficiente para subir y mostrarse iluminado por bambalinas de importantes coliseos, debido al ingenio de una notable actriz: Montserrat Cló. Diálogos bilingües y, como dice mi amiga Pilar Laguna, actriz, “una verdadera gozada”.
Al día siguiente “recunqué”, que decimos los gallegos, como espectador en el mismo y magnífico teatro. Se volvía a poner en escena “Almas que mueren”, una tragedia sin concesiones, del autor coruñés Horacio Ruiz de la Fuente. Si el adjetivo colosal puede aplicarse a alguien recuerden a ese es el autor español conocido en el mundo y ninguneado en España. Los tontos nunca perdonan el talento. Horacio es autor, entre un centenar de comedias, de “Bandera negra”, alegato contra la pena de muerte, que fue lacerada por la censura del antiguo régimen y que, solamente en México y EE.UU. alcanzó millares de representaciones en interpretación de Enrique Rambal, hijo.
Esa comedia, llevada al cine por Amando Ossorio –ya fallecido; pero autor de cultos en toda Europas por sus películas de terror- y protagonizada por José María Seoane. Curiso: autor, director y actor nacieron en Galicia. Tyrone Power `pidió al autor, en una cena celebrada en el “Hotel Palace”, la comedia para representarla en Broodway. Quedaron de acuerdo; pero se entrometió la muerte que, la muy cerda, debió e enamorarse del bello y bien amado y universal actor, y se dio cita con él en Madrid, cuando rodaba “Salomón y Saba”.
“Almas que mueren” se estrenó en el “Ateneo” madrileño. Como era necesario despistar a la censura, el autor ideó una representación entro de la representación. En su nueva versión se presenta sin esos temores. Toda la representación es en clave de tragedia. Y tragedia era y sigue siendo la droga presente, del principio al fin, en el escenario. Se trata del más fuerte, puro y duro alegato contra la drogadicción. Debería formar parte las campañas contra las drogas y representarse en toda España.
La actriz Charo Sánchez, formalmente “aficionada” y, prácticamente una de las mejores actrices que he visto en mi largo deambular por todo los que olfateo como bueno, es uno de esos raros casos que, gesto a gesto y palabra a palabra, se adueña de los espectadores y no le da respiro hasta que cae el telón. Tiene ese don, que no precisa de academias, de los privilegiados. Me trae el recuerdo de las número uno: María Jesús Valdés, Lola Herrera, Nati Mistral, Irene López Heredia, Amparo Rivelles. Ni mejor, un imposible, que ellas. La alineo entre las mejores.
Es tarea difícil colocarse a su altura, Y convence y vence en su primera salida a un escenario el joven Sergio García que, intuyo, aprendió todo en los ensayos al lado de su “partenaire”. Sergio no es un actor qje tal se cree como las figuritas y figurines de series y seriales televisivos (Entre los que hay actrices y actores válidos). Solamente le falta la decisión, si la vocación le llama, para enriquecer la nómina de los actores enteros y verdaderos.
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