crónicas del mundo
Jueves 25 de noviembre de 2010
“Ahora hay que establecer con claridad a qué jugamos. Porque un Estado independiente sobre un territorio de 250.000 kilómetros cuadrados con una población que a partir de los 73.000 habitantes de entonces se cifra ahora en menos de 300.000 equivale a crear un vacío propicio a las aventuras de Al Qaeda. Conviene calcular también que, si bien Mohamed VI dista de ser Gustavo Adolfo de Suecia, la alternativa es un régimen fundamentalista a la moda iraní a 14 kilómetros de nuestras costas. Sepamos bien que nos interesa un Marruecos fuerte y competitivo que se ancle en los valores europeos, y por ahí deben ir nuestros estímulos. El Gobierno debe explicarlo y el PP debe saber que no todo aprovecha para el convento”
Miguel Ángel Aguilar, “El abandono del Sáhara” (El País, 16.11.2010)
España es un país con un gran potencial, pero la actual crisis del Sáhara nos muestra la realidad de un gobierno español cómplice e inoperante ante la descarnada agenda de represión de un Marruecos agresivo que ha decidido acabar con el “problema saharaui” a sangre y fuego. Zapatero y sus fieles han elegido callarse y desatender nuestras obligaciones históricas, morales y legales, en un ejercicio de surrealismo político en el que franquismo terminal y PSOE se abrazan para dar la espalda a un pueblo cuya defensa es innegablemente responsabilidad nuestra. De cómo España hace finalmente frente a este desafío histórico se derivarán muchas consecuencias de cara al futuro, entre ellas cuál será nuestra posición en un mundo cada vez más multipolar, en la nueva era post-Europa, en la que parece claro que cada Estado solo podrá contar con sus propias capacidades de defensa y de acción exterior, y luego, si cabe, en un plano secundario, con el apoyo de organizaciones internacionales estilo UE y OTAN. Algo nada claro en nuestro caso, pues el “amigo” francés es mucho más amigo de Rabat que nuestro, como bien se ha demostrado crisis tras crisis en el pasado reciente.
A día de hoy es claro que el PSOE oficialista ha decidido abandonar el apoyo a la causa del pueblo saharaui para contentar a Zapatero y a su camarilla de aparatchiks, a fin de cumplir con los acuerdos que el leonés firmó con quién sabe quién antes de llegar al poder en 2004. La excepción que salva lo poco que queda de la dignidad del PSOE la constituyen escasos nombres y plataformas de base que no han renunciado a alzarse contra la indigna política de Zapatero. Y así, son cada vez más los ciudadanos que se preguntan qué es lo que une a Mohamed VI y a la cúpula de este PSOE descafeinado de hoy, para que ambos tengan que protegerse mutuamente de un modo tan atronador e inexplicable. ¿Será esta la verdadera alianza de (in)civilizaciones? Queda claro que el apoyo a la agresiva política marroquí, cueste lo que cueste ante la opinión pública española, ha hecho que nuestro gobierno llegue a límites esperpénticos: como cuando la infausta Trinidad Jiménez clama que España no tiene ninguna responsabilidad en el tema del Sáhara, al tiempo que acusa de falta de sensatez a los Eurodiputados que condenan la brutal represión marroquí en El Aiún. La misma ministra Jiménez que pide a EE.UU. y Francia que medien en el conflicto, aun sabiendo que son estos dos países los principales valedores de la política de fuerza de Rabat.
Innegablemente, Zapatero decide su agenda nacional e internacional con la misma estrategia de jugar al mus. El que quería acabar con el “conflicto vasco” dándole a ETA todo lo que pide, despreciando a las víctimas del terrorismo y aceptando la mediación de los valedores de los terroristas, pretende ahora solucionar el “conflicto saharaui” dándole a Marruecos todo lo que pide, despreciando a las víctimas saharauis y aceptando la mediación de los valedores de Rabat. Se ve que Zapatero (“el principal activo del PSOE”) aprendió relaciones internacionales con el mismo manual con el que estudio economía… y así nos va.
Para mantener su nefasta política, Zapatero necesita de apoyos mediáticos con los que intentar justificar lo injustificable. Y es en esta dinámica en la que yo encuadro el artículo de Miguel Ángel Aguilar del que he extraído la cita que abre esta columna, publicado por El País el 16 de noviembre. Un artículo que sirve de altavoz a Zapatero para defender que el derecho inalienable de los Saharauis a tener su propio Estado (esa RASD reconocida ya por 81 países), ha de ser ignorado porque un hipotético Sáhara independiente sería pasto de los terroristas de Al-Qaeda, desestabilizaría a su vecino, Marruecos, y supondría un peligro para la región, con las consiguientes consecuencias negativas para España. Una argumentación con la que se podría cuestionar el derecho a la independencia de multitud de países en el mundo, de Pakistán a Sierra Leona, de Bosnia a Afganistán. Una línea argumentativa que muchos esgrimieron en su momento también para el caso de Timor Oriental. La diferencia principal es que, por suerte para los timorenses, no fueron los españoles los que colonizaron Timor en su momento, sino los portugueses. Y hay que reconocer que Portugal supo demostrar un coraje que España no ha sabido ni ha intentado igualar en defensa del pueblo saharaui. Lisboa jugó bien sus cartas en la ONU y en las demás organizaciones internacionales relevantes.
Supo movilizar apoyos a la causa timorense y supo explicar que un Timor independiente no era una amenaza sino también una oportunidad de negocio y desarrollo para los timorenses y para aquellas naciones que les apoyasen a levantar cabeza tras la declaración de independencia. Una línea argumentativa que varios países escucharon con atención, y de la que todos extrajeron beneficios.
Hoy, los voceros de la realpolitik y la élite del PSOE nos dicen que lo sensato es ignorar la violación de los derechos humanos en el Sáhara a cargo de Rabat; que los saharauis pueden decir adiós a sus derechos y a sus justas reivindicaciones; que una vez más esos derechos solo existen para los que tienen la fuerza de hacérselos respetar; y que España ha de jugar un papel miserable, dejando que los derechos de la población de su ex-colonia sean pisoteados porque los líderes de este desfigurado PSOE liderado por Zapatero y Rubalcaba solo se preocupan de mantenerse en el poder. Su línea de argumentación es que Al-Qaeda se haría con el control de una RASD infradesarrollada y poco poblada, amenazándonos a todos; que Marruecos se vería desestabilizado porque sus súbditos no tragarían bien la “pérdida” del Sáhara; y que ello tendría serias consecuencias para España.
Ahora bien, ¿por qué no nos permitimos una línea de argumentación alternativa? Por mucho que le moleste a una Trinidad Jiménez que dice haberse reencontrado con la sensatez tras años de apoyo gratuito a la causa saharaui, lo cierto es que un Sáhara independiente supone, además de un acto de justicia humanitaria y legal, una oportunidad para todos en la región. Para España, una oportunidad económica también, invirtiendo en multitud de campos para asegurar que la RASD no sea un Estado fallido. Algo que (especialmente en tiempos de crisis) daría empleo y recursos a nuestras empresas para hacer frente a las necesidades de los saharauis (con coste a las arcas de la ONU, dicho sea de paso). Una oportunidad especialmente para los propios saharauis, de cumplir sus justas expectativas estatales, reorganizar su territorio y gestionar sus vastas riquezas naturales. Una oportunidad para Marruecos de iniciar sin dilaciones la transición de un Estado feudal agresivo (como es hoy) a un Estado democrático, optando por las buenas relaciones con la RASD, España y Argelia. Una oportunidad para la propia ONU, de recuperar parte del brillo de una institución que lleva años embarrancada en el Sáhara, atrapada entre el apoyo a las justas reivindicaciones de los saharauis y el apetito voraz de Rabat, animado por París y Washington por un lado, y por el PSOE del dúo Zapatero-Rubalcaba (junto a las empresas españolas que explotan ilegalmente los recursos saharauis) por otro.
Quedarse solo con que el Sáhara independiente es una amenaza para la seguridad internacional porque Al-Qaeda se lo fagocitaría, es una mezquina visión parcial que solo busca justificar la decepcionante política española en el norte de África desde hace cuatro décadas. Nuestros líderes se siguen empeñando en ocultar que es precisamente la situación actual del Marruecos feudal la que constituye el mayor balón de oxigeno para Al-Qaeda en la región. Es ahí donde hay que centrarse para desarticular gran parte de la inestabilidad regional y la amenaza a nuestra integridad territorial. Es ahí donde hay que centrarse para desarrollar medidas de reforma económica y política que aporten a los marroquíes perspectivas creíbles de desarrollo y democracia, alejándolos del abrazo de un islamismo radical que se beneficia sobremanera del mantenimiento de una régimen absolutista Alauí, con el que la élite del PSOE lleva décadas haciendo negocios.
Hoy, más que nunca, debemos entender que cada generación de líderes debe elegir entre aceptar el status-quo imperante o impulsar políticas audaces que implican grandes riesgos, pero sin las cuales sería imposible cambiar las dinámicas de injusticia en el mundo. Esa es precisamente la profunda tragedia y la contradicción del PSOE de Zapatero. Igualmente, hoy más que nunca, debemos explicar que España puede reconducir su inmenso potencial como Nación para salir de esta continua humillación autoimpuesta y para ayudar al pueblo saharaui a alcanzar sus legítimas aspiraciones de vida en libertad. España puede jugar un papel crucial en el desarrollo la RASD, evitando la entrada de Al-Qaeda en un territorio de grandes riquezas minerales, pesqueras y turísticas; explicando al mundo que la independencia saharaui puede tener consecuencias muy positivas tanto para la economía española como para la de Marruecos, sus valedores y los demás países en la región. Explicando también al mundo que acabar con la ocupación marroquí del Sáhara Occidental supone un paso estratégico a la hora de conseguir que Rabat haga las paces con Argelia y con las principales organizaciones internacionales de la región: la Unión Africana y la Liga Árabe, de las que la RASD es miembro de pleno derecho. Serviría también para obligar a una RASD soberana a compensar económicamente a las víctimas de los actos de terrorismo contra españoles llevados a cabo por el POLISARIO en los años 70-80, exigiendo que aquellos con delitos de sangre vayan a la cárcel, pero evitando culpar a la generalidad del pueblo saharaui, y consiguiendo remediar una injusticia histórica con las olvidadas víctimas españolas.
Démonos pues una oportunidad para dejar de hacer las cosas tan mal en una región tan importante para nuestro propio futuro como país. Centrémonos en impulsar medidas que den salida a nuestro potencial nacional, que respeten los derechos inalienables del pueblo saharaui y que satisfagan los legítimos intereses de España. En vez de buscar siempre discursos que permitan a nuestros incompetentes gobernantes seguir refugiándose en el status-quo para seguir manteniendo a nuestro país como un actor de tercera en mundo cada vez más competitivo. Aquellos que solo enarbolan argumentos para abandonar a los saharauis a su suerte deberían recordar que, efectivamente, “no todo aprovecha para el convento”.
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