musica

Doctor, sufro de hiperactividad musical

reportaje

Jueves 20 de marzo de 2008
Robert Allen Zimmerman, conocido por todos por su alias Bob Dylan, su alter ego Jack Frost, o simplemente como Bob, es uno de los principales casos de hiperactividad musical. En sus primeros diez años de carrera (años 62-72) publicó doce discos además de escribir su primera novela “Tarántula”, es decir más de un disco por año cuando la media actual en una carrera musical de diez años es de cuatro discos más un recopilatorio de grandes éxitos.

Al año siguiente compone la banda sonora de la película de Sam Peckimpah, “Pat Garrett y Billy the Kid” en la que además realiza un pequeño papel. Además del impresionante legado de canciones que crea, el año 1974 se puede considerar un hito de derroche y sacrificio artístico. Graba un disco de estudio “Planet Waves” con The Band y sale de gira con ellos en el tour más grande jamás realizado en Estados Unidos con más de 12 millones de peticiones de entradas. Y publica otros dos discos: un directo doble “Before the Flood” y el maravilloso “Blood on the tracks”. Sobra decir que hasta mediados de los ochenta, el bueno de Bob estuvo trabajando sin parar hasta que la calidad de los discos y su estado de salud le hicieron levantar el pie del pedal. En unos meses volverá a deleitarnos con nuevo disco.


Carrera en solitario y en grupo
Neil Percival Kenneth Robert Ragland Young, conocido como Neil Young, es otro ejemplo a estudiar. Por lo ejemplar de su carrera y su forma de trabajar en el estudio. El canadiense grabó veinte discos y dirigió dos películas en sus primeros doce años de carrera. En solitario y con tres bandas: Búfalo Springfield, Crosby, Stills, Nash and Young y The Stills-Young Band. Aunque para la historia quedan discos como “Harvest” o “On the night”, Young no deja de trabajar y tras superar una grave enfermedad cardiovascular ha firmado cuatro discos desde el año 2005.

Nuestro siguiente paciente es David Ryan Adams, nuevo estandarte de la musica folk rock americana que tras debutar en el año 2000 con “Heartbreaker”, graba un disco por año, y se hartó a vender copias de su “Gold” con grandes y entusiastas críticas a su trabajo. En 2005 llegó su año mágico. Tras sufrir una fuerte crisis personal, se encerró en el estudio de grabación y entregó “Cold Roses”, un doble disco decadente y frágil, “Jacksonville City Nights”, oda folk de regreso a los orígenes y el notable “29” que retoma el rock. Su página web es una continua fuente de canciones y de colaboraciones, además produce a la leyenda de la música country Willie Nelson y a Jesse Mallin.

Para encontrar un caso de dimensiones similares en España hay que remontarse a finales de los años noventa, a la catarsis creativa del argentino Andrés Calamaro. Tras la disolución de Los Rodríguez y confirmarse como un gran letrista en castellano con “Alta Suciedad”, el músico bonaerense publica “Honestidad Brutal”, treinta y siete canciones que forman parte de la historia de la música de este país, elegidas entre cien que tenía preparadas. No contento con ello, el ex Rodríguez regresa en 2000 con ciento tres canciones bajo el brazo en su no del todo entendido “El Salmón”.


En una etapa de hiperactividad madrileña, Calamaro escribe más de quinientas canciones en un año, pone en jaque a la industria discográfica ya que quería publicar todas, y bajo el influjo de su maestro Dylan consigue arriesgarse musicalmente como pocos lo han hecho en este país. De canciones como “Flaca” a versiones electrónicas de Bob Marley. Calamaro cierra esta etapa con una importante crisis personal.

Las contraindicaciones que podemos extraer de los casos de hiperactividad musical, aquí hay unos pocos ejemplos de una larga lista, es que tras ofrecer al público lo mejor del talento que uno tiene, se acaba sufriendo de enfermedad, de criterio para discernir el bien y el mal o de ambas cosas. Pero mientras el doctor disfruta, el paciente continúa imaginando su siguiente “enfermedad”.