Javier Cámara | Jueves 02 de diciembre de 2010
Zapatero no sabe qué hacer. Está en ese punto en el que haga lo que haga va a ser criticado. Si no toma las medidas que le imponen desde fuera la economía se hunde (más todavía) y si las toma se le echan encima los suyos. El presidente del Gobierno se encuentra en esa tierra de nadie en la que si, además, no sabes qué hacer el futuro se presenta negro y, lo peor, cercano.
El jefe del Ejecutivo no contenta a nadie. El PP dice que el “enésimo” plan para evitar de rescate tiene cosas buenas y cosas malas, pero que, en cualquier caso, son "una manera de evadir las grandes reformas pendientes". Por el contrario, las plataformas de izquierdas le acusan de hacer políticas de derechas, de reunirse con los empresarios y de abjurar de los parados. El propio Llamazares cree que las nuevas ocurrencias del presidente son medidas "improvisadas" que harán "profundizar aún más en la crisis". Desde IU se vuelve a hablar de huelga general. Por todo esto, ya se augura un "invierno caliente".
Zapatero debería pensar más allá de su propio interés personal y de partido. Primero, porque, al margen del sentimiento de frustración o fracaso que pueda generar abandonar un proyecto, nada apunta a que pueda salvar la caída en picado del crédito de este Gobierno y, en segundo lugar, porque el PSOE es necesario en este país y, de continuar con esta gestión, puede causarle daños que tardarán mucho tiempo en repararse. Las críticas son palpables desde hace tiempo dentro de sus propias filas e incluso a los medios de comunicación y tertulianos afines se les acaban las justificaciones.
Que Zapatero haya renegado de sus principios, cuando hizo bandera de ellos en sus discursos de investidura, sigue sorprendiendo a pesar de todo. Pero la realidad incontestable es que ha pasado de ser rojo a no ser nada, que el hombre del "talante" hace mucho que dejó de tenerlo y el resultado de las elecciones en Cataluña es un adelanto de lo que las encuestas dicen que terminará por suceder en el resto de España.
Y digo yo: ¿Se da cuenta Zapatero de que sus cambios en el Gobierno, sus “hoy no” pero mañana resulta que es que sí y sus incontables planes de emergencia no están sirviendo para generar esa confianza tan necesaria fuera como dentro de España? ¿Se habrá planteado, siquiera, la posibilidad de dimitir?
Por el bien de los españoles, Zapatero debería pensar en la posibilidad de dejar el timón antes de hacer más daño a otro capitán que no esté quemado y vacío de ideas solventes. Se dice que una retirada a tiempo es una victoria, pero alguien debería decirle que "a tiempo” es ya.
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