Opinión

El intolerable chantaje de los controladores aéreos

Sábado 04 de diciembre de 2010
El cierre del espacio aéreo de un país es algo sumamente serio; de hecho, no ocurre prácticamente nunca. Pero ayer, un pequeño grupo de privilegiados logró hacerlo y, con ello, amargar el puente con más desplazamientos del año a todos aquellos españoles que se disponían a tomar un avión. Semejante desaguisado tardará en resolverse ya que, aunque los controladores militares se encarguen de las operaciones pertinentes, los efectos del atasco de ayer durarán al menos dos días.


Como telón de fondo subyace el decreto aprobado en el último Consejo de Ministros y que racionaliza el número de horas laborales de un controlador aéreo. Hasta ahora, dentro de ese cómputo se incluían las sindicales, las de alertas -tiempo en el cual un controlador ha de estar disponible por si le llaman, pero en su casa o donde sea- y otras tantas que en prácticamente ningún sector se remuneran. Es ahí donde el Gobierno ha pretendido, cargado de razón, poner algo de sentido común en lo que sin duda era un privilegio desmesurado. Pero si el Gobierno acierta al racionalizar la jornada laboral de los controladores, yerra gravemente -por motivos de oportunidad, que no de la razón que le asiste plenamente- al hacerlo precisamente en vísperas de un puente con tantos desplazamientos. No sólo porque Fomento sabe ya cómo se las gastan los controladores, sino porque AENA aún no tenía formados para eventualidades como esta a los controladores militares, cuya labor, aunque parecida, no es exactamente la misma que la que llevan a cabo los civiles-.


Dicho lo cual, el principal culpable de todo este desastre es el colectivo de controladores aéreos. Porque no es sólo ya el daño que hacen a quienes tienen que viajar, sino el causado a compañías aéreas, establecimientos hosteleros de Canarias y Baleares y, en suma, a España y Europa al completo como destino turístico. Se exponen ahora a sanciones que pueden tener incluso encaje penal -los artículos 20 y 21 de la Ley de Navegación Aérea y el 409 del Código Penal tipifican la sedición protagonizada por los controladores con penas de cárcel-, pero también a la incomprensión de una sociedad a la que han hecho rehén de sus resquemores. Porque la mucha o poca razón -más bien nula, dicho sea de paso- que pudiesen tener antes del viernes, la perdieron por completo con semejante abuso. Que no puede quedar impune de ninguna de las maneras. La enseñanza de este desaguisado es que colectivos profesionales gremialistas en situaciones de semi-monopolio no deben permitirse. La libertad y la competencia responsable son, a medio y largo plazo, el mejor antídoto ante este tipo de chantajes.

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