ópera
Sábado 04 de diciembre de 2010
Rotundo éxito del estreno de la ópera más emblemática de Richard Strauss, El caballero de la rosa, en el Teatro Real.
Con las entradas de las ocho representaciones de El caballero de la rosa agotadas, anoche se estrenó en Madrid con un rotundo éxito la ópera más emblemática de Richard Strauss en la producción creada en 1995 para el Festival de Salzburgo, cuando al frente del mismo estaba Gerard Mortier. Desde entonces, esta producción acompaña por el mundo al actual director artístico del coliseo madrileño, y, por ello, no podía faltar en su primera temporada en la capital. Además, Mortier, que confiesa que esta puesta en escena de la ópera de Strauss es una de las obras más importantes de su trayectoria profesional, aseguraba durante la presentación de la obra hace unos días que estaba convencido de que el Real, por su intimidad, es el mejor teatro para albergar esta ópera.
Lo cierto es que la impresionante producción creada por el desaparecido director de escena, escenográfo y figurinista Herbert Wernicke parecía hecha a la medida del escenario madrileño y, después de haber recalado en algunos de los grandes escenarios líricos del mundo, Madrid está de enhorabuena por albergar tan magnífica muestra de perfecta conjunción entre la obra original y su actual puesta en escena. Tanto, que resulta difícil imaginarse otra más apropiada para la obra que más éxito popular dio a su compositor ya desde su estreno en Dresde en 1911. Strauss, hombre siempre destinado a suscitar reacciones encontradas tuvo que asistir, por una parte, al aplauso de quienes habían censurado sus excesos en Salomé o Elektra y que veían en “Der RosenKavalier” un regreso al orden y la armonía, y, por otra, a la crítica de aquellos que habían visto en él al agitador capaz de incomodar al público burgués y derribar los ideales de la belleza clásica, y que le acusaron, por tanto, de traición y oportunista vuelta al pasado.
Anoche, durante su estreno en el teatro de la Plaza de Oriente, las voces del público eran, en cambio, unánimes. Muchas aplaudieron, en primer lugar, la acertada elección de una obra que a pesar de ser del siglo XX, ese siglo “maldito” para algunos aficionados, consigue combinar la modernidad con su genial retrato de la Viena de María Teresa de Austria (1740 – 1780), a través de una exquisita tragicomedia que reflexiona sobre el inexorable paso del tiempo, con un lenguaje musical y vocal efectista a la vez que cargado de belleza. Pero el aplauso no podía quedarse sólo para la obra de Strauss con libreto de Hofmannsthal, porque, aparte de la comentada escena que juega con eternos espejos que reflejan el paso del tiempo, todos los protagonistas reflejaban a su vez la fuerza y la belleza originales de la inteligente obra que no deja un minuto sin que la trepidante y cómica acción no lleve al público de la mano.
Así, el reparto encabezado por Anne Schwanewilms, la ovacionada soprano alemana que llenaba el escenario con su interpretación absolutamente perfecta de La Mariscala, el personaje más melancólico de la obra, es todo un ejemplo de perfecta comunión. Por eso, el público premió también con igual calor a los demás intérpretes, especialmente a Joyce DiDonato, la mezzosoprano estadounidense que encarna el exigente papel de Octavian, el joven amante de La Mariscala; a Franz Hawlata, uno de los bajo-barítonos más demandados de la actualidad, que borda su papel del barón Ochs; así como también a Laurent Naouri, el barítono francés que interpreta a Faninal, y a quien da vida a su hija en la obra, la soprano española Ofelia Sala. Todos con voces excepcionales y unas dotes actorales de gran calidad, necesarias a la hora de representar una de las óperas más teatrales de la historia.
Se trata, además, de una obra en la que el propio autor del libreto, el poeta Hugo von Hofmannsthal, consideraba como elemento esencial ese hervidero de personajes secundarios que llenan con apariencia caótica el escenario y, por ello, aplauso encendido también para el Coro Titular del Teatro Real y su director Andrés Máspero, así como para el coro de niños dirigido por Ana González. Sin olvidar, por supuesto, a quien fue el otro gran protagonista de la noche, el versátil director británico Jeffrey Tate en su debut en el Real, dirigiendo con absoluta precisión a la Orquesta Titular del Teatro Real, Orquesta Sinfónica de Madrid, para transmitir con toda la fuerza y sofisticación la magnificencia de una obra a la que ya el público consideraba anoche “la mejor de la temporada”, a pesar del extenso camino que aún le queda a la misma.
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