Andrea Donofrio | Domingo 05 de diciembre de 2010
En Italia, la publicación de la información de Wikileaks había generado mucha expectativa y algún que otro temor. Nos preguntábamos si la diplomacia estadounidense se habría dado cuenta de ciertas anomalías italianas; si los diplomáticos norteamericanos habrían revelado a su Gobierno la legítima perplejidad sobre el conflicto de intereses del premier, sobre el “monopolio” de los medios de comunicación del cavaliere, sobre las infiltraciones de las organizaciones mafiosas en los aparatos estatales y en la pública administración local, sobre la inconsistencia de la economía nacional con su grave deficit. Con una primera lectura, parece que nada de eso ha transcendido: de momento (ya que cada día se cuenta algo nuevo), por lo que concierne Italia, Wikileaks ha publicado banalidades, informaciones ya conocidas (muchas de ellas revelaciones ya divulgadas ampliamente en el país), más apropiadas para una revista de cotilleo. Además, en general, se reconoce que –al menos en principio- el gran límite de estas difusiones está siendo el de haber proporcionado pocas informaciones realmente nuevas (un blog italiano afirma que la novedad más relevante ha sido “la noticia del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria”), consiguiendo en cualquier caso, minar la confianza (y credibilidad) de la diplomacia de los Estados Unidos.
A pesar de todo, los papeles del departamento de Estado revelan dos datos sobre la imagen que ofrece Berlusconi: a nivel personal, que los EEUU son conscientes de su megalomanía, de sus delirios omnipotentes (“irresponsable, imbuido de sí mismo, vanidoso e ineficaz como líder europeo moderno”) y de su afición por las fiestas salvajes que estarían perjudicando su salud (debido a “sus largas noches sin dormir, no descansa lo suficiente”). A nivel público, como jefe de estado, subrayan su incapacidad de diferenciar sus intereses privados de los públicos, su tendencia a mezclarlos para sacar beneficio personal. Los largos viajes de Berlusconi a Rusia (“asuntos estrictamente privados” que le obligan a cambiar su agenda diplomatica y cancelar la recepción del Rey Abdullah de Jordania), los regalos de Putin (como la famosa “cama de Putin” bien descrita por la prostituta Patrizia D’Addario), las vacaciones del ex presidente ruso (y familia) en casa del cavaliere, demuestran que no se trata de una normal relación entre jefes de Gobierno.
Berlusconi sigue siendo un empresario “prestado” a la política, que sigue manteniendo la pasión por los negocios y persiguiendo sus intereses económicos (y energéticos) en Rusia, tanto que se convierte cada vez más en el “portavoz de Putin en Europa”: la impresión es que la estrecha relación con Vladimir Putin no se cimenta sólo en el machismo compartido, sino en posibles negocios. Esto llega hasta tal punto que, en un despacho con fecha del 28 de enero de 2010, Hillary Clinton solicita que se averigüe “qué inversiones personales, si es que existen, podrían condicionar su política exterior y económica”. Sin embargo, los EEUU deberían preocuparse también de la relación poco trasparente del Cavaliere con Gadafi (recordamos que Silvio ha ido 27 veces a Libia y nunca, por ejemplo, a India).
Quizás en Italia, entre las sorpresas más grandes que ha generado el cotenido de la web hay que destacar el hallazgo de la existencia de un Ministro de Exteriores: el prologando silencio de tan importante ministerio, la tendencia berlusconiana a asumir carteras gubernamentales ad interim y el protagonismo que reserva el premier para sí mismo en asuntos internaciones, hacían dudar a la mayoría de los italianos sobre la existencia de un Ministro específico. Pero sí, Frattini ha decidido manifestarse y tomar cartas en el asunto. ¿De qué manera? Pues la verdad que ha ofrecido una respuesta bastante lamentable e insustancial: su previsiòn catastrofista (“Wikileaks quiere destruir el mundo”), su alarmismo terrorista (“Wikileaks era el 11 de septiembre de la diplomacia”) y el recurso a la clásica teoría del complot (“existe un “complot internacional para hundir a Italia”) son el fruto de una retorica simplista, vacia de contenido y oportunista.
Pese a seguir representando a un aliado histórico y preferente de Estados Unidos, tal y como ha declarado la Clinton, es evidente que la imagen de Italia se ha deteriorado notablemente en los últimos tiempos: la “flaqueza personal” de un “dirigente inconsistente” (departamento de Estado dixit) provocan perplejidad y difunden malestar sobre el “astuto comunicador estratégico”. Así que mientras Berlusconi “se rió de buena gana” (según Ansa) al conocer estos datos, y estando a la espera de que se proporcione más información sobre el país, Wikileaks muestra una vez más el grado de descrédito y desprestigio que ofrece la imagen de Italia en el Mundo. Teniendo en cuenta la grave crisis política que vive el país y la moción de confianza al Gobierno que se votará el próximo 14 de diciembre en el Parlamento, quizás no se cumpla el famoso refrán “quien ríe ultimo, ríe mejor”.
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