Martes 07 de diciembre de 2010
El nombre del ganador de las elecciones egipcias se sabía de antemano -Hosni Mubarak- lo cual, de por sí, ya es un juicio de valor demoledor en relación a unas elecciones. Restaba por conocer únicamente el porcentaje de la victoria que, como en anteriores ocasiones, ha acabado siendo muy abultado; quizá demasiado. A escasos siete días de haberse celebrado los comicios, todavía hoy siguen goteando las denuncias de observadores y partidarios de la oposición, quejándose de un presunto fraude masivo. Dejando al margen la evidencia de unas irregularidades más que palmarias durante todo el proceso, cabe señalar que éstas, si bien han ido mayoritariamente en la misma irección -la del PND del presidente Mubarak-, han salpicado prácticamente a todos los partidos concurrentes. Además, la oposición no ha sido capaz de aunar fuerzas para desbancar a un gobierno que genera más hastío que descontento, dada su longevidad al frente de los designios egipcios.
Dicho lo cual, si Mubarak tuviese una oposición seria y consistente, a lo mejor las cosas serían distintas, pero no es así. Únicamente podría inquietarle algo la candidatura de los Hermanos Musulmanes, partido de corte islamista cuyo ascenso no sería bien visto ni por el resto de vecinos árabes -qué decir de Israel- ni por Occidente. Con todo, sería bueno que Mubarak tuviera a alguien que fuese capaz de hacerle frente, para paliar la relajación que produce saberse cuasi perenne en el poder. Con el apoyo de la práctica totalidad de la Liga Arabe, Israel, Estados Unidos y Europa, Mubarak se ha relajado en sus excesos. Y ese puede ser su punto débil: la estabilidad de Egipto descansa sobre los pilares de su liderazgo, pero si éste empieza a cuestionarse, las consecuencias serían imprevisibles. Transparencia política, lucha contra la enorme corrupción y una mayor implicación en cuestiones sociales son las bazas que Mubarak debería jugar si quiere seguir disfrutando de su actual statu quo. Caso contrario, el país puede empezar a desestabilizarse, con las implicaciones que ello tendría.
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