Opinión

Amparo Soler Leal, teatro y cine por igual

Juan José Alonso Millán | Miércoles 08 de diciembre de 2010
Hija única de grandes actores, Milagros Leal y Salvador Soler, cómicos de profesionalidad indiscutible, con compañía propia, de los de no parar en gira, o en Madrid o en Barcelona. Amparo nació entre función y función y, naturalmente, su vida fue el difícil arte de la interpretación; pero como nació lista, bonita y con una gran memoria y, además, había mamado la profesión, se dedicó a ser actriz sin el menor esfuerzo. Su cualidad más destacada, el sentido del humor fruto de su inteligencia. La vida puso en su camino a un joven estudiante de derecho que hacía sus pinitos como actor en el TEU de Madrid. Se llamaba Adolfo Marsillach. Se casan y Adolfo termina derecho y empieza a ejercer la carrera de actor. Formaron compañía y trataron de buscarse la vida representando un teatro poco al uso por aquel entonces.

Les vi por primera vez, desde el gallinero del teatro de la Comedia de Madrid, en el estreno de una obra inglesa, GEORGE Y MARGARET, que bordaban primorosamente; con otra actriz, Amparo-Baró, que más tarde sería conocida como Amparo Baró y que también me pareció genial.

Me maté a aplaudir, me entusiasmó la muestra de ese nuevo teatro comercial. Amparo Soler Leal era moderna, divertida, hermosa y se movía como una danzarina entre el humor y la ternura. Adolfo Marsillach con el tiempo se convertiría en uno de los mejores directores de comedia. Fui muy amigo de ambos. Recodábamos el éxito de crítica de GEORGE AND MARGARET y el varapalo económico. Perdieron dinero, pero para empezar estaba bien.

Como sucede en los matrimonios cuando estos son muy jóvenes y de teatro, la cosa duró muy poco. Se separaron y emprendieron vidas sentimentales diferentes. Adolfo conoció a una señora guapísima; Tere del Río, con quien tuvo dos hijas que, por supuesto, fueron famosas. Amparo conoció a un señor muy importante del mundo empresarial de Barcelona, Alfredo Matas, orientado en el mundo del cine. Se enamoraron y tuvieron un teatro, el Windsor, coqueto y céntrico, en la ciudad condal, en el que estrenaron diversas obras, entre ellas EL BAÚL DE LAS SORPRESAS de un joven oftalmólogo, llamado Jaime Salom, dramaturgo de grandes éxitos ya amigo mío. Amparo Soler Leal se había convertido en la actriz de moda de Barcelona; Fernando Fernán Gómez la llama para rodar una película en Madrid MI HIJA HILDEGARDE, que él dirigiría. Amparo no lo duda y rueda con Fernando y una niña, Carmen Roldán, que también alcanzaría el estrellato.

Amparo y Alfredo dejan la empresa de Barcelona y se vienen a vivir a Madrid. Alfredo alquiló por unas temporadas el teatro Recoletos, gestionado por su inventora, Carmen Troitiño; local en el que años antes había debutado Nuria Espert con GIGI de Colette. No estaban los tiempos para comedias rosas francesas, el teatro del momento era otra cosa y forman compañía que se denomina “Teatro Realista” con la que estrenan a Carlos Muñiz, Sartre, de Quinto, etc. En 1967 se quedaron con el teatro de la Comedia, para estrenar una obra de mucho éxito en Paris, EL CABALLO DESVANECIDO de François Sagan. Aquí resultó un pestiño, a pesar de que era Fernando Rey quien daba la réplica a Amparo. Para apagar el fuego, llamaron a un bombero, un servidor, para que escribiera una comedia para Amparo y estrenamos AY, INFELIZ DE LA QUE NACE HERMOSA, con Guillermo Marín, Pedro Osinaga y Charo García Ortega. Hicieron la temporada completa. De entonces viene mi amistad con Amparo Y Matas; cuando yo, además, ya estrenaba con el tándem Fernán Gómez – Analía Gadé. Escribí varios guiones para las películas de Alfredo… Fue una temporada inolvidable de trabajo y de éxitos.

Imposible no recordar las veladas en casa de Amparo, al lado del teatro Marquina, donde nos reuníamos después de la función, amigos y compañeros, los Berlanga, los Vizcaíno Casas, José Vicente Puente, Analía y Fernando; Osinaga y Tomy, Mónica Randall, Pepe Garate y muchos Más. Un mal día, Amparo enfermó, del oído o algo así. La cosa se puso fea y tardó un tiempo en salir adelante. La convalecencia no le permitió seguir con la disciplina del teatro, no estaba para los ensayos, las dos funciones y demás tutes del oficio. Alfredo se cuidó de ella con desvelo y la tentó con el cine y allá no paró. En México, en Italia, en Francia porque Alfredo se había convertido en un gran productor.

Con Berlanga, en la serie LA ESCOPETA NACIONAL, Amparo triunfa en un papel satírico berlanguiano con parche en un ojo y todo. Un día, Alfredo decidió irse a rodar al otro mundo, abandonando a Amparo por primera vez, quien decide exiliarse voluntariamente en Barcelona y dejar de actuar para dedicarse al recuerdo de su azarosa vida con su querido Alfredo. Sé de ella lo que leo en los periódicos, que está bien con sus perros, que sigue fumando y que disfruta del recuerdo de una vida colmada de éxitos. Lo peor es que no quiere volver a actuar. Se te quiere, Amparo, Mucho.

TEMAS RELACIONADOS: