Martes 14 de diciembre de 2010
La rueda de prensa que ayer ofreció el presidente de la Real Federación Española de Atletismo -RFEA-, José María Odriozola, había generado una gran expectación. No es que el atletismo en España sea un deporte de masas, aunque estos días es actualidad por la trascendencia de la llamada operación “Galgo”, en la que atletas de élite como Marta Domínguez y otras personas vinculadas al mundo de la alta competición están siendo investigadas por tráfico de sustancias dopantes. El caso es que el sñor Odriozola se presentaba ante la opinión pública como una víctima de toda esta situación para, acto seguido, dejar bien claro que no sólo no iba a dimitir, sino que tenía pensado presentarse a la reelección.
Desgraciadamente, no es la primera vez que el deporte español se ve salpicado por casos de doping. Ciclismo y atletismo se llevan la palma, aunque otras disciplinas también han sufrido en sus carnes esta lacra. Es imprescindible que se aclare cuanto antes todo este lamentable suceso. Más que nada porque, en su afán por defender lo indefendible ya hay quien -caso del doctor Eufemiano Funetes, alma mater de la operación “Puerto”, la que dinamitó el ciclismo- ha acusado, como tinta de calamar, de tirar de una ficticia manta que podía dejar a España sin Eurocopa ni Mundial de fútbol. Unos pocos tramposos no pueden opacar el prestigio de una gran mayoría de deportistas.
Así las cosas, que cada cual asuma sus responsabilidades. Es el caso del señor Odriozola, cuyo afán por que los deportistas de la federación que preside lograsen medallas en competiciones oficiales ha podido llevarle a tomar decisiones equivocadas -hace años prescindió de los servicios de uno de los principales implicados para, hace bien poco, volver a contar con él- . Ni los últimos acontecimientos ni el excelente resultado de los atletas españoles durante los últimos tiempos justifican la presencia en el cargo de alguien que, como máximo responsable del atletismo español, debería haber dimitido ya.
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