Opinión

Conocerás al hombre de tus sueños

Regina Martínez Idarreta | Domingo 19 de diciembre de 2010
No me considero una persona especialmente supersticiosa. Sin embargo, por alguna razón, me llama mucho la atención los temas relacionados con cartas del tarot y adivinación. Supongo que es aquí donde se revela la optimista irreductible que llevo dentro, a pesar de mis neuras, ya que, a diferencia de mucha gente, nunca tengo miedo de que el tarotista de turno me de una mala noticia. Como uno de los personajes de la última película de Woody Allen, “Conocerás al hombre de tus sueños”, aunque en el fondo mi lado racional me diga que estas cosas tiene un tufillo a timo, a mí me gusta creer –o hacer que me creo-, que tengo buena estrella, que algún día tendré dos hijos preciosos y que seré una exitosa mujer de negocios.

Lo malo ya vendrá sólo, lo esperemos o no y sin necesidad de que un adivino nos lo advierta. Pero lo bueno hay que buscarlo, esperarlo o, como mínimo, cuando no queda otra, fabricarlo. En el 80% de las ocasiones, las cosas que nos pasan no son ni buenas ni malas. Son tan grises y neutras que queda en nuestras manos darles en tono de película de terror, de comedia costumbrista o de dramón lacrimógeno. Tengo amigos que viven atrapados en dramas grises, viéndose como atormentados héroes ante las inclemencias de una triste y gris vida, aunque de primeras la sinopsis de su vida bien pudiera ser la de una edulcorada comedia familiar. Y, sin embargo, me vienen a la cabeza otros amigos que consiguen convertir las tragedias griegas que el destino les ha preparado en alegres comedias costumbristas que no por positivas ocultan lo más crudo de una vida que no elegimos.

Sé que a veces cuesta no ahogarse en pequeños vasos de agua. De hecho, cuanto más tonto es el problema, más suele cegarnos, mientras que las cosas gordas, las inabarcables, nos golpean de tal manera que sacamos de dentro un valor y una fuerza inimaginables. Mientras tanto, yo prefiero ir fabricándome un escenario agradable en el que mis pequeñas miserias y derrotas diarias lo sean menos. Y si hay un tarotista diciéndome que tengo buena estrella, ¡pues mejor que mejor!

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