Opinión

Totó, Berlusconi y “gli onorevoli”

Andrea Donofrio | Domingo 19 de diciembre de 2010
El 14 de diciembre no ha sido un día fácil para Berlusconi y tampoco para Italia. Sin embargo, pasará a la historia como una fecha que ha dejado muchos asuntos zanjados y otros tantos enigmas. Berlusconi ha ganado: su victoria no ha sido arrebatadora, pero es incuestionable la derrota de sus adversarios. Y mientras Berlusconi quiere ampliar su mayoría, de momento ha agrandado la oposición.

Pese a la victoria parlamentaria de Berlusconi, el futuro político de Italia, después de cinco meses de parálisis gubernamental, sigue estando en vilo. Resulta difícil saber si Berlusconi habrá anotado un verdadero resultado positivo o sólo pospuesto su caída, prolongando su agonía política. Debido al elevado coste político de la victoria, al gran esfuerzo realizado por el primer ministro para obtenerla y la exigüidad de la ventaja electoral, la misma podría considerarse “pírrica”. Ahora, Berlusconi debe convertir esta “victoria numérica” en una victoria política, un éxito táctico en un resultado estratégico. La incertidumbre que aflige a Italia obliga a un aut aut: sólida mayoría o vuelta al voto. Entre tantas posibilidades, es probable que el primer Ministro opte por “alargar” la mayoría, volviendo a ofrecer la entrada en el gabinete a los democristianos de Casini. O podría “complacerse” con su victoria, siguiendo con una política ineficaz e instable culpando a la oposición y justificando su inoperatividad con el ostracismo de sus adversarios.

Hemos asistido a una tensa sesión, caracterizada por acusaciones de traición y corrupción, por un mercadeo de votos que alcanzó asombrosas cotas de desfachatez. Frente a un escenario tan vergonzoso e irritante, mejor subrayar algunos elementos “folclóricos”, “costumbristas a la italiana” o ridículos. En primer lugar, durante gran parte del debate parlamentario, más que preocupados por las acusaciones de la oposición, los Ministros han tenido que estar pendientes de que Berlusconi no se durmiera, tanto que el pobre noctámbulo ha podido adormecerse en una sola ocasión. Eso sí, se podría cambiar el lema berlusconiano “levántate Italia” por este otro: “despiértate Berlusconi”. Asimismo durante su intervención, el ex ministro Gasparri ha invitado a la oposición a leer algunos libros y entre ellos “L’oro di Mosca di Cerqueti”. Gianni Cerqueti es el cronista de la selección de fútbol mientras el autor del libro es Gianni Cervetti. ¡Vaya citación! Además, me permito sugerir al ex ministro la lectura – y comprensión aunque ardua tarea- del Galateo, overo de’ costumi de Monseñor Giovanni della Casa, al fin de mejorar necesariamente su estilo y educación y limitar, si fuera posible, su tendencia a mostrar el dedo corazón. Pero también hemos asistido a diferentes conversiones en el camino de Damasco (cambios repentinos de partido), al aumento de la oferta para cambiar de “bando” (a quien se “conformó” con que Berlusconi le pagase la hipoteca, ¿no hubiera sido mejor esperarse?) y a la teatral decisión de los tránsfugas decisivos de saltarse la primera llamada al voto y acudir para la segunda juntos, entre la ovación y los palmetazos de los diputados berlusconianos. Como si fuera poco, cumplido “su deber”, con pocos escrúpulos y nada de pudor, los tres “chaqueteros” se han reunido con Berlusconi en la Sala del Gobierno en Montecitorio: ¿batiendo caja? Y en la misma línea, las justificaciones de los tránsfugas a su cambio de línea política, ofende la inteligencia de cualquier ciudadano italiano, incluso del elector medio de Berlusconi. Duele escuchar que el cavaliere ostente, como si fuera algo positivo, el haber forjado una nueva moralidad política, mintiendo una vez más: el transformismo no es un fenómeno “de libros de historias” o una invención de su ejecutivo, sino una realidad constante de la política italiana (ya son 77 los cambios de grupo en los últimos dos años y medio). Concluyendo sobre el tema, asombra el parecido entre la realidad y la profética escena de la película “Gli onorevoli” de Totó: “En parlamento tres votos puede ser determinantes para salvar a un Gobierno: ahora, nosotros aplicamos el do ut des […] yo te doy tres votos a ti y tú me das tres licitaciones a mí”. Frente a la perplejidad de un ingenuo Totò que pide disculpa por su “ignorancia en esta especie de política, pero yo sé que el diputado debe hacer los intereses del elector, de quien le ha dado la confianza y el voto”, los otros dos le explican que esto es una “cosa de otros tiempos”, “superada, sobrepasada”: convencido el actor napolitano afirma “los necios, los imbéciles, los groseros, los tontos me dan los votos y nosotros nos damos un gran atracón”.

Finalmente, la noticia de la victoria del “Gobierno del Cepu” (así denominado por el voto decisivo de la Polidori, dueña del desprestigiado centro de preparación universitaria) ha provocado terribles y violentas protestas en toda Italia. Es absurdo justificar la violencia, difícil no comprenderla: el malestar generalizado, los enfrentamientos con la policía -dominados por saludos fascistas y/o puños cerrados- y la protesta violenta demuestran la fractura “entre política y país”, entre un gobierno preocupado por su supervivencia y sus intereses personales (la primera iniciativa del Gobierno para el próximo año será…otra vez la inmunidad a los alto cargos estatales) y los ciudadanos interesados por los problemas reales del país (la basura en las calles de Nápoles, la grave crisis económica, los ciudadanos de L’Aquila que aún esperan una casa, etc.). Violencia como manifestación de malestar y de insatisfacción frente a la política de siempre.

Una victoria por tan solo tres votos no parece suficiente para alejar la crisis (y la posibilidad de una vuelta a las urnas) y garantizar un gobierno fuerte y efectivo que actúe de forma decidida y emprenda reformas ineludibles. Dentro del Parlamento, se asistió a una batalla táctica, pero, las grandes maniobras empiezan desde hoy. Y mientras arrancan las negociaciones bajo la mesa, la impresión es que “el Gobierno se comerá el panettone, pero no el carnero” -pasará navidad, pero no semana Santa.

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