Opinión

Wikileaks: Cotilleo pero no terrorismo

Martes 21 de diciembre de 2010
Mientras la web Wikileaks sigue con su goteo continuo de informaciones sobre la diplomacia norteamericana –la última filtración desvela que Israel presionó a EEUU para que emprendiera acciones contra Irán-, el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, aseguró ayer que el fundador del portal de Internet, Julian Assange, es un terrorista tecnológico.

Assange, por su parte, sigue en libertad bajo fianza en Reino Unido, a la espera de que se formalicen las denuncias por delitos sexuales que penden contra él, en uno de los casos más rocambolescos y absurdos que se recuerdan. Y es que, resulta difícil creer que haya sido casualidad que, después de poner sobre tapete los agujeros del sistema norteamericano en materia de información clasificada, Assange se haya visto envuelto en un lío de faldas con unas consecuencias inimaginables.

La enorme atención mediática que han tenido las revelaciones de Wikileaks, junto con la discutible persecución legal que está sufriendo Assange –¿hasta dónde se puede estirar la Ley para encontrar una excusa para detener a quién no ha cometido otro delito probado que hacer uso de la libertad de expresión?- han ocultado hechos como la verdadera relevancia de la información hecha pública. Por más que resulte embarazoso para cualquier país que se sepan los entresijos y opiniones personales de sus diplomáticos, las revelaciones de Wikileaks no son mucho más que puro cotilleo –salvo contadas excepciones- que con el tiempo quedarán en una mera anécdota.

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