Viernes 24 de diciembre de 2010
El respaldo del PSC a la investidura de Artur Mas ha sido muy bien recibida por el Gobierno de Zapatero, obligado a tener el menor número de enemigos posible en esta etapa agónica de la Legislatura. Sin embargo, para los intereses electorales de los barones autonómicos socialistas, desde Castilla-La Mancha a Extremadura, y desde Aragón a Baleares, la noticia ha caído como un jarro de agua fría.
Para algunos de estos barones, como Barreda o Fernández Vara, la imagen de declive de Zapatero era su mayor preocupación. Ahora, el temor se ha incrementado al recuperarse la percepción de complicidad de los socialistas con los nacionalistas, algo claramente contrario a la ideología de muchos votantes del PSOE.
Los candidatos del PSOE ven muy negras las encuestas, y sólo detectan mejoría cuando se produce un desmarque del Gobierno de Zapatero. Ahora, con nueva munición para el PP a cuenta del apoyo de Montilla (y de Rubalcaba y Zapatero) al proclamado “derecho a decidir” de Artur Mas, la situación empeora.
Por el contrario, en La Moncloa se entiende que la imagen que puede tener el PSOE mejorará para las próximas elecciones generales si puede gobernar con alguna comodidad gracias al apoyo de CiU, y el ya logrado del PNV y de Coalición Canaria. Y, además, dificultaría un eventual acuerdo futuro de Mas con el PP. Lo que sucede es que las municipales y autonómicas serán previsiblemente anteriores a las legislativas, por lo que cualquier recuperación del PSOE puede tropezar con un batacazo en Alcaldías y Comunidades. Y si la caída sigue, el problema no será el apoyo de CiU a Rajoy, pues éste llegaría a la mayoría absoluta.
Sectores críticos críticos en el interior del PSOE entienden por eso que Zapatero ha vuelto a jugar a corto plazo y para sus exclusivos intereses, al intentar recabar apoyos políticos para su Gobierno a costa de erosionar aún más a su partido.
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