Sábado 25 de diciembre de 2010
El ofrecimiento de Rajoy esta semana a Zapatero de un pacto en materia económica supone una buena noticia en un momento en el que hemos de buscar lo que nos une por encima de lo que nos separa. Es un hecho objetivo que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido nefasto, especialmente en lo que a política económica y autonómica se refiere. Obviamente, las cosas nunca hubieran resultado fáciles teniendo en cuenta la coyuntura económica internacional que se venía vislumbrando desde principios de 2008. Pero lo que aun hoy en día resulta difícil de creer es que, viendo la que se nos venía encima, el ejecutivo socialista no pudiera o no quisiera emprender las medidas necesarias para vadear el temporal de la mejor forma posible. De nada sirven las buenas intenciones y el voluntarismo cuando la realidad tozuda se cierne sobre uno.
En este contexto, la labor de la oposición ha de ser criticar y poner el foco en los fallos del gobierno. Pero cuando el saldo es tan catastrófico como el actual y lo que está en juego no es ya la estabilidad del gobierno de turno, sino la de todo un país incluyendo su futuro a largo plazo, la oposición ha de desempeñar un papel especialmente delicado, con grandes dosis de responsabilidad y mano izquierda. El problema económico al que nos enfrentamos es de tal magnitud que es necesario que nos olvidemos por un momento de quién son las culpas para buscar las soluciones. Cuando la crisis haya pasado será momento de exigir responsabilidades, si bien las urnas son un buen medidor de los castigos a los gobernantes incompetentes. Pero hasta entonces, se agradecen gestos como el de Rajoy el miércoles porque ahora sí que sí, hace falta enviar un mensaje de unidad a los mercados que infunda confianza. Esperemos que las buenas palabras y los gestos conciliadores de esta semana no vengan fruto de una intoxicación pre-navideña de buenas intenciones y que se conviertan en hechos.
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