Opinión

Y el Verbo se hizo carne

Rafael Canomanuel | Sábado 25 de diciembre de 2010
En estos días me gusta siempre reflexionar sobre el hecho indiscutible de la navidad.

- El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros -

Aunque católico de formación soy, lógicamente, agnóstico por deformación pero, la realidad de este acontecimiento me ha invitado siempre al estudio del pensamiento cristiano, desde el deformado punto de vista del investigador. La biblia, el libro sagrado para muchos, oculta ciertamente misterios difíciles de explicar y descifrar, cosas que ni la razón entiende ni la lógica comprende ni la ciencia puede explicar. Cosas que, sin embargo, deberían ser del interés para al menos la especulación y el desarrollo de la imaginación de cualquier intelectual que se precie. De estas palabras se pueden sacar algunas conclusiones:

El Verbo, la Palabra, se encarna, no se reencarna, se encarna por primera vez. El misterio de la Santísima Trinidad, tres seres distintos formando un solo ser verdadero, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Padre, sacrifica al Hijo que es El mismo, unidos ambos por el Espíritu, el alma. Son dos personas distintas porque se dirigen el uno al otro como tales, pero, al parecer forman un solo ser, unidos por el Espíritu Santo. Parece que, al principio Dios era reconocido solo por la Palabra, el Verbo y, para que la palabra, tomara forma, era necesario que esta se encarnara y ya una vez con forma humana habitara, viviera entre los hombres.

El experimento divino, como cualquier experimento científico sigue unas pautas organizativas para lo que se elige y prepara una pareja formada por José y María. Físicamente ella es virgen, al parecer, debía serlo por algún motivo. La virginidad, no es una casualidad, sino un requisito para la formación y posterior desarrollo del ser divino. Jesús nace para cumplir una misión: La misión de salvar a la humanidad. Para ello debe prepararse, vivir, convivir y finalmente sufrir la terrible tortura de la cruz. Sufrir por todos nosotros, para redimirnos del pecado.

No cabe duda que para el cristianismo la navidad es uno de los acontecimientos más importantes de su historia porque con ella comienza la que es su gran esperanza: La redención, Jesús es el Redentor y con Su resurrección, parece que abre al hombre las puertas de su anhelada salvación: el perdón de sus pecados y ¿La vida eterna?

Jesús tenía que tomar forma humana, pero, al principio era solo energía, verbo, palabra. Es hijo, pero a la vez padre, está unido con él a través del espíritu o el alma pero los tres son lo mismo, forman una Sagrada Trinidad, que puede actuar individualmente. Toda esta simbiosis, se puede estudiar también desde un punto de vista científico aunque no se encuentren paralelos ni explicaciones para ello. Pero la simple búsqueda es una explicación en sí misma. Se suele buscar lo que se ha perdido o lo que puede existir, no lo que no existe.

Desentrañar el misterio requiere a veces la no pretensión de obtener resultados. Podemos preguntarnos a sabiendas que, de momento, no vamos a obtener respuestas:

¿Es Jesús el Dios del universo? Pero: ¿De qué universo estamos hablando? Está hecho a imagen y semejanza del hombre, según esta afirmación bíblica el hombre sería también, en cierto modo un dios. Si fuera así, ¿tendríamos también la configuración divina de la trinidad? Quizás el reciente descubrimiento de las partículas espejo, pudieran clarificar algo este misterio, por el cual nosotros no seriamos sino el reflejo de algo inmaterial existente en otra dimensión paralela que, no podemos ver pero que parece existir. La energía necesaria para realizar la conexión entre esas dos dimensiones, podría ser la energía del espíritu que es lo que une a los tres, quizás seamos una trinidad aunque probablemente lejos de la divinidad.

¿Por qué el verbo tuvo que tomar forma humana con Jesús? Y sobre todo: ¿por qué era necesario que sufriera la tortura de la cruz? Todo nacimiento trae consigo el fallecimiento, pero en este caso lo que se persigue es justo lo último. Nosotros nacemos para vivir, pero, El nació para morir. El objetivo de Jesús es morir sufriendo en la cruz, el nacimiento y su vida posterior, según las escrituras, no son sino un camino necesario para obtener el objetivo de la redención del hombre, pero, ¿Porque era necesario el paso del sufrimiento?

Mi interpretación es que con una muerte normal, nunca se podría haber logrado, parece que se busca el sufrimiento máximo. ¿Señal de amor? o - necesidad científica -.

Si lo que era necesario era la muerte con gran sufrimiento como se desprende de las escrituras y los evangelios. Por qué tuvo que nacer de esta manera y no renacer de otra, fue esa una elección o una necesidad. Jesús no se reencarna sino que se encarna. Quizás los humanos sí nos reencarnamos, quizás estemos todos los que fuimos o seamos todos los que alguna vez estuvimos, pero: El parece que nunca estuvo porque siempre fue.

Jesús, el Cristo crucificado consigue resucitar en cuerpo y alma, si el alma es el espíritu, parece que eso era ya posible, la energía, como el espíritu es indestructible. Pero se buscaba la resurrección también del cuerpo, un cuerpo en principio mortal, pero en este caso se trataba de un cuerpo especialmente nacido y preparado para eso, para el sacrificio en la cruz, para un sacrificio necesario para conseguir el perdón y la salvación de los hombres. ¿Fue por eso por lo que tuvo que nacer? ¿Por qué no se reencarno en algún hombre antes de que este muriera? Según las escrituras, parece que la navidad, el nacimiento del redentor era estrictamente necesaria para conseguir ese objetivo, y no solo nacer, sino vivir o mejor dicho, convivir con los hombres antes de llegar al sacrificio. Para que el mismo Dios lograra todo eso, era necesaria también una preparación exhaustiva, como en cualquier experimento científico.

Por eso la navidad, el nacimiento de Jesús, del Dios encarnado, del Redentor de la humanidad es tan importante para el cristianismo. El no nacía para vivir y morir como todos los humanos, sino que nacía para redimir a estos de sus pecados y concederles, con su terrible muerte, la añorada vida eterna. Difícil de entender desde un punto de vista científico, inexplicable desde la lógica pero, quizás razonable desde la fe.

Jesús se encarnaba y nacía del vientre virginal, especialmente preparado de María, para habitar entre nosotros y morir brutalmente en la cruz consiguiendo así salvarnos de las penas eternas del infierno y darnos a todos la vida eterna. ¿Era ese el objetivo o era el de conseguir la resurrección del cuerpo? En teoría era un cuerpo divino, especialmente diseñado para cumplir esa misión, pero, a la vez pertenecía a un ser formado por dos entidades unidas por un espíritu. Y la pregunta ahora es la siguiente: ¿Se unió también ese cuerpo divino de apariencia humana con el padre y el espíritu? Pues según parece, el objetivo se cumplió a la perfección y el cuerpo formo parte desde entonces de la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo con un cuerpo humano y el Espíritu Santo o el alma, la energía que los unía a ambos.

La muerte de Jesús no es el gran misterio, el misterio mayor es el del nacimiento; pero de eso sabemos ya algo hoy día. Científicamente, nacer de una virgen y que esta continúe siéndolo es ya posible, y manipular el embrión fecundado también. La virginidad de María ya no debería ser dogma de fe, sino realidad científica. Pero; el porqué del nacimiento es el gran misterio de la cristiandad, el que un Dios tenga que encarnarse para salvarnos con su sufrimiento es lo que estamos todavía muy lejos de comprender, pero aquí me gustaría especular con una posibilidad: la de la polaridad existente en la naturaleza. ¿Sería necesario entonces desplazar esa polaridad al máximo para poder captar de esa forma mejor la energía? Los científicos lo hacemos, muchas veces, llevamos al límite los experimentos para de esa forma, hacer más palpables los resultados. ¿Hubo que llevar al límite el sufrimiento de Jesús, para asegurarse así la resurrección de Su cuerpo? Todo indica que así fue.

Jesús tuvo que nacer para poder morir después de habitar y vivir entre nosotros, pero el ya existía, como dice San Juan:
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.

Si el Dios al que se refieren las escrituras y los evangelios cristianos es el creador del universo, la única explicación científica que encuentro es que el mismo universo sea Dios, que toda la materia forme parte de El mismo y, por consiguiente, sea El. Lo que significaría que todo ser vivo y toda la materia existente, formaría parte de Dios y que, por supuesto nosotros, los hombres formaríamos parte de El y, en cierta forma seríamos también El.

Por eso, estas fechas deben ser importantes para todos, creyentes o no. El misterio, es de tal envergadura, de tal magnitud, que el intentar desentrañarlo es un reto para todos. Quizás, sea preferible que el misterio continúe como tal, hasta que, como dice la biblia: las puertas de nuestra mente se vayan abriendo al entendimiento y adquiriendo la fuerza y el conocimiento suficiente para comprender la obra divina de lo creado y su Creador; la obra, inexplicable ahora para nosotros, de Dios y, por consiguiente nuestra propia obra.

Sí podemos afirmar que, tanto el que cree, como el que no lo hace, forman parte de la creación y son obra de su Creador. Si ese Creador es Jesús, todos debemos celebrar, no ya su nacimiento sino su encarnación, es el propio Creador, el que se encarna a Sí mismo quizás para mejorar, observar lo creado, o simplemente organizar Su creación y observarse a Si mismo.

Tanto el que crea como al que no, celebremos todos juntos, el magnífico misterio de la encarnación de Jesús, el maravilloso experimento de la Divinidad, a todos: Feliz Navidad.

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