Sábado 25 de diciembre de 2010
Argentina, Uruguay y Brasil, fueron los primeros países en pronunciar formalmente su apoyo al reconocimiento del Estado Palestino, seguidos de Bolivia, Chile, Ecuador Paraguay y Ecuador, que han manifestado sus intenciones en sumarse a la causa. Si bien a Israel, la iniciativa latinoamericana no le ha sentado del todo bien, lo cierto es que resulta un paso importante a la hora de buscar una solución a un conflicto que hasta el momento le ha dado cabida a 5 interlocutores: EEUU, Israel, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el Hamás y la Liga Árabe.
Sin embargo, la masiva irrupción diplomática de América Latina supone una llamada de atención ante la necesidad de ponerle fecha de caducidad a una confrontación que ha derramado litros de sangre y lágrimas tanto a israelíes como a palestinos, y dado dolores de cabeza a la comunidad internacional que pide a gritos una tregua en el corazón de Oriente Medio. Si bien es cierto que el conflicto posee raíces más profundas y que van más allá de la agenda “territorial”, lo cierto es que el reconocimiento oficial de una nación palestina ayudaría a definir objetivos pragmáticos que conduzcan a alternativas, si no pacificadoras, conciliadoras y por qué no, incluso establecer los límites de una organización terrorista como el Hamás: porque convengamos en que no habrá paz sin territorios, pero tampoco habrá territorios sin el reconocimiento sincero y efectivo del Estado de Israel y garantías verificables de sus fronteras e integridad.
Obviamente, Israel exige unas condiciones para dar este paso. Condiciones que chocan con las pautas puestas por los palestinos para hacer las “paces” con su vecino, por lo que ningún lado quiere dar su brazo a torcer. No obstante, las aspiraciones del Kneset israelí juegan en desventaja ante un mundo que ha desarrollado una empatía hacia el pueblo palestino. La misma que hace 63 años sintió hacia el pueblo judío cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la creación del Estado Hebreo, decisión en donde 13 naciones de América Latina votaron a favor de la misma.
De nuevo los países de Latinoamérica comienzan a marcar posición frente a Oriente Medio, quizá para presionar a Israel a pensar más en planes realistas de paz que en asentamientos provocadores, debido a que es este país el que ahora tiene la palabra y el poder en las manos para resolver un conflicto que roza en lo subjetivo y del que todo el mundo tiene una opinión, pero cuyo primer movimiento para alcanzar un acuerdo ha de venir de principios lógicos y concretos, a fin de llevar el drama palestino-israelí al ámbito más de lo terrenal que de lo Divino.
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