en el vaticano
Viernes 21 de marzo de 2008
"Con nuestros hermanos perseguidos de todo el mundo iniciamos llenos de emoción este camino por la vía dolorosa" que Jesús recorrió un día "con tanto amor", agregó.
Benedicto XVI presidió el Vía Crucis desde la colina del Palatino y aunque se había anunciado que llevaría la cruz en las tres últimas estaciones, finalmente, quizás por la fuerte lluvia, lo hizo sólo al final de la última
El Papa, que cumplirá 81 años en abril, recibió la cruz de manos del cardenal Camilo Ruini, vicario de Roma, quien la portó en la primera estación y en las tres últimas, en una ceremonia seguida por miles de fieles.
Cuando esta semana se anunció que el Papa no recorrería, por primera vez, las estacione del Vía Crucis y que llevaría la cruz en las últimas, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, explicó que no existía "ninguna razón para preocuparse".
En este sentido, indicó que "simplemente se ha decidido no añadir más fatigas a los duros compromisos de la Semana Santa, que verán a Benedicto XVI presidir personalmente todos los largos ritos del Triduo Pascual".
Durante las catorce estaciones del Vía Crucis, se leyeron las meditaciones escritas por el cardenal arzobispo de Hong Kong, Joseph Zen Ze-Kium, referidas a esos pasajes del calvario de Cristo.
En la meditación de la primera estación, se señaló que "en tantas partes del mundo la Esposa de Cristo (la Iglesia) está atravesando la hora tenebrosa de la persecución".
Asimismo, se hizo una referencia a la carta que Benedicto XVI escribió el año pasado a los Católicos en China.
A lo largo de las estaciones, las meditaciones, leídas por diversos fieles, hicieron referencia a diversas etapas de la Pasión de Jesús, entre ellas el momento en que fue juzgado por Poncio Pilatos, que es "la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la Justicia".
Además se pidió a Jesús que ilumine "la conciencia de tantas personas constituidas en autoridad, para que reconozcan la inocencia de tus seguidores. Dales el valor de respetar la libertad religiosa".
Los mártires fueron recordados en la decimotercera estación, que evoca la muerte de Jesús en la Cruz, cuya meditación indicaba que éstos "dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día".
"La Cruz es fuente de vida y paz"
Al final del Vía Crucis, Benedicto XVI dijo a los fieles que se paren a contemplar la Cruz, que es "fuente de vida, escuela de Justicia y de paz y patrimonio universal de perdón y de misericordia".
La Cruz es prueba también de un "amor infinito, que empujó a Dios a hacerse hombre vulnerable como nosotros, hasta morir crucificado", agregó.
En la Cruz, dijo el Papa, "el Redentor nos ha restituido la dignidad que nos pertenece, nos ha hechos hijos adoptivos de Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza".
El Papa señaló que para Dios "no hay diferencia de raza y cultura" y que Jesucristo murió para liberar a toda la humanidad del "ciego odio y violencia, de la esclavitud del pecado".
Benedicto XVI indicó que en la actualidad hay muchas personas que buscan "un amor y una libertad que excluya a Dios" porque "creen que no tienen necesidad de Dios".
Así, pidió a los fieles que abran "el corazón a Jesús, que es la libertad, que nos hace libre de amar".
El Papa dijo que Jesús llama a cada persona "amigo", pero que "por desgracia no siempre logramos percibir la profundidad de ese amor sin límites que Dios nutre por nosotros".
Tras el Vía Crucis, que transcurrió en el Coliseo de Roma en una noche fría, Benedicto XVI agradeció a los fieles "la paciencia bajo la lluvia" y les deseó buena Pascua.
Una tradición que rememora la pasión de Cristo
En el tradicional Via Crucis los católicos conmemoran las etapas que Jesús de Nazaret hizo desde su oración en el Huerto de los Olivos hasta el monte del Gólgota, donde fue crucificado.
A lo largo ritual, la cruz fue portada por Ruini, y posteriormente por una monja de Burkina Faso, una familia de la diócesis de Roma, una mujer en silla de ruedas, un grupo de religiosos de la Custodia de Tierra Santa, de Asia, y una joven china.
El Via Crucis transcurrió por el anfiteatro Flavio, donde una cruz recuerda la memoria de los primeros cristianos perseguidos por Roma, continuó por delante del Arco de Trajano y concluyó en la colina del Palatino.
El Vía Crucis del Coliseo romano fue instaurado en 1741 por el papa Benedicto XIV y tras decenas de años de olvido, en 1925 volvió a celebrarse.
En 1964, el papa Pablo VI acudió al Coliseo para presidir el rito y, desde entonces, todos los años acude el sucesor de Pedro
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