Sabrina Gelman | Viernes 21 de marzo de 2008
"La Shoa, ejecutada en nombre de Alemania, llena de vergüenza a los alemanes", con esta frase la canciller Ángela Merkel se dirigió el martes a los 120 miembros del parlamento israelí con el objetivo de pedir perdón en nombre de su pueblo a los seis millones de judíos que fueron asesinados en manos de la maquinaria Nazi, y manifestar su respeto "ante los supervivientes y ante todos aquellos que los ayudaron a sobrevivir", en un encuentro sin precedente en la historia de sendos países.
Por primera vez desde su fundación hace sesenta años, Israel recibió la visita de un Jefe de Estado alemán. Las mismas seis décadas en las que se conmemoran el fin de uno de los episodios más traumáticos y oscuros del Siglo XX, en donde la obsesión y el delirio de Adolf Hitler por construir un Tercer Reich que duraría mil años, acabó con tres cuartos de la población judía de Europa y con la dignidad de una nación que a causa de un proyecto megalómano y racista, se convirtió en verdugo. Esa dignidad que Ángela Merkel ha tratado de reivindicar esta semana en Jerusalén.
A pesar de que algunos parlamentarios israelíes, en especial las de las facciones más radicales del Kneset, como la del partido Unión Nacional- Partido Nacional Religioso, no ocultaron su rechazo hacia la mandataria por llevar a cabo su alocución en alemán, Ángela Merkel fue valiente; tanto por pedir perdón al pueblo judío en su lengua natal, como en demostrar sin complejos, que el nazismo también destruyó a los alemanes, condenando a las generaciones de la posguerra a llevar tras de sí el estigma del genocida. Una huella que cineastas como Oliver Hirschbiegel o escritores como el Nóbel de Literatura Günter Grass, buscan penetrar a través de sus obras.
Si bien la iniciativa es un diálogo entre Alemania e Israel, no cabe duda que la acción de Merkel ha sido un humilde llamamiento a la reflexión y al acercamiento de dos naciones que por décadas, han estado distanciadas a causa de un lamentable episodio de nuestra historia que jamás debió suceder, como muchos tantos que tienen y han tenido lugar en el nombre de las naciones y sus ciudadanos.
Lo que hizo la canciller no fue un teatro de golpes de pecho o una purga de conciencia. Ángela Merkel fue la voz de millones de alemanes que no comulgan con las ideas del pasado y que buscan hallar los porqués de lo ocurrido, mediante uno de los preceptos más importantes del judaísmo, yizcor, recordar.
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