Marcos Marín Amezcua | Miércoles 29 de diciembre de 2010
Podría decirse que pasó en un santiamén. En un abrir y cerrar de ojos y casi sin sentirlo, se acabó la primera década del siglo XXI (2001-2010).
¿Qué nos deja este primer decenio del siglo que corre? ¿Cómo podremos definirlo? ¿Qué podremos destacar de su discurrir día con día? No es una tarea fácil.
Como cada etapa de la Historia, tiene sus claroscuros, sus alcances y retrocesos, nos muestra lo peor y mejor del género humano y al final, uno ha de quedarse con aquello que más lo impactó, presentándolo a la consideración de todos ustedes, amigos lectores.
Desde ultramar, en efecto, nos aturdía aún el 11 de septiembre cuando vimos saltar por los aires los escándalos inocultables de pederastia en la Iglesia Católica, mientras languidecía el papado de Juan Pablo II, cuya figura desapareció en 2005 en medio de unos funerales de Estado que congregaron al mayor número de estadistas en toda la Historia. Una marca más rota por este pontífice romano que concluye la década con el rango de venerable.
La aparición del euro en 2002 supuso alcanzar un sueño y retar al dólar como moneda de reserva internacional. Hoy pasa por su más severa crisis. ¿Saldrá de ella? ¿a qué costo?
Nos maravillamos con la inauguración de los juegos olímpicos de Atenas 2004 (preguntándonos cómo se pagó la fastuosidad del certamen) y más todavía, nos sorprendimos gratamente con los juegos de Pekín 2008. La estación espacial y la conciencia colectiva por el cambio climático han convivido con la profusión de las redes sociales regidas bajo la máxima: si no estás en ellas, simplemente no estás.
La Guerra de Irak –ilegal y vergonzosa– ha manchado la endeble credibilidad de los Estados Unidos, que cierran la década con la peor crisis económica que sus intervenciones en Irak y Afganistán esta vez no permitieron remontar y además, desprestigiados con las múltiples revelaciones de WikiLeaks, evidenciando su modus operandi. El zapatazo a George Bush es el mejor colofón a su persona, la mejor estampa de lo que fue semejante agresión jamás validada por Naciones Unidas.
No han faltado el terrorismo de dramáticos efectos, la búsqueda estéril de acuerdos en Oriente Medio, nuevas zonas de tensión como las dos Coreas, en tanto se eligió a Barak Obama como presidente de un país que por siglos, acalló a su raza.
Cerramos la década constatando el avance de la mujer en los cargos de elección popular, especialmente en Iberoamérica, así como podemos apreciar el poderío chino, manifiesto en expresiones elocuentes como su avance espacial, su consolidación económica como segunda potencia mundial o con la Exposición Universal de Shanghái 2010, la más grande y con el mayor poder de convocatoria de la Historia.
Para México, una década sin el PRI ha permitido una rotación de la clase política, una consolidación ciudadana de los causes democráticos partidistas, mediáticos y sociales, con un debate permanente, pero avanzando aun con dificultades y poniendo orden a setenta años de partido hegemónico, que hoy tiene que buscar un cargo con elecciones competitivas en una sociedad mucho más reclamante. No por ello y gracias al cierre de fronteras con EEUU, la droga se convierte hoy en su principal problema, de no fácil solución si Estados Unidos no pone orden en su propio territorio y palia el aumento del consumo de drogas entre su población. Todo esfuerzo mexicano será inútil si no actúan ellos en sí mismos.
El libre comercio de la mano de la crisis más profunda del capitalismo desde la recesión del 29, remacha una década de avances tecnológicos más que palpables. El ipad, el ipod, la computadora portátil, el bluetooth, la alta definición, el progreso de Internet, los avances médicos se suman al revanchismo religioso anticristiano que se detecta en ciertas zonas del mundo y al aumento de la migración que busca mejores oportunidades en los países ricos que, mientras su población envejece, responden cerrando fronteras y endureciendo sus políticas de recepción de migrantes.
La década se ha esfumado. Nos resta por delante seguir nuestro andar, siempre pensando en que no debemos perder nuestra capacidad de asombro y de respuesta. Es importante que así sea, en tanto tenemos la esperanza de que el año 11 sea mejor que el año 10. Que así sea.
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