Opinión

Pacto de Toledo, pensiones y demagogia

Jueves 30 de diciembre de 2010
Como era de esperar, las recomendaciones del Pacto de Toledo han salido adelante con el rechazo de sindicatos y grupos de izquierda radical. También se oponía hace meses el PNV, aunque por mor de su acuerdo de legislatura con el PSOE no le ha quedado más remedio que comulgar con semejante rueda de molino. Si en algo está de acuerdo todo el mundo es que se trata de una medida tremendamente impopular. A nadie le gusta que le toquen el bolsillo, y menos en tiempo de crisis. Pero el retraso en la edad de jubilación y la congelación de las pensiones, junto con la desaparición del subsidio de 420 euros para desempleados de larga duración y la subida de algunos impuestos son absolutamente imprescindibles si lo que se quiere es revertir la calamitosa situación de la economía española.

Una situación a la que, dicho sea de paso, se ha llegado por la inacción del Gobierno durante estos últimos años. La rigidez del sistema laboral español ha propiciado que no sólo se haya destruido una gran cantidad de empleo, sino que persista una tremenda incapacidad de generar puestos de trabajo. Y cuanto menor sea el número de cotizantes a la Seguridad Social, mayor será el de personas susceptibles de percibir subsidios y, en consecuencia, mayores serán los gastos. Se ha permitido que la gente se prejubilase a los 50 años, se ha creado un número ingente de funcionarios públicos -cuyo coste, a día de hoy, es tan exorbitante como improductivo- y se ha pasado de afirmar que “subir impuestos es de derechas” a afirmar exactamente lo contrario, es decir, que es “progresista”. José Luis Rodríguez Zapatero dixit.

Así las cosas, que nadie se rasgue las vestiduras hoy por los errores de ayer. Posiblemente, de haber tenido otro gobierno desde que estalló la crisis, las cosas serían diferentes en España: ningún gobierno hubiera evitado la crisis, cierto, pero sólo el Gobierno Zapatero la ha agravado. Es claro que la reciente coyuntura a nivel mundial también se habría dejado sentir, pero qué duda cabe que con una menor virulencia. Ocurre que para explicar lo inexplicable, al Gobierno no se le ocurre nada mejor que hacer demagogia, como la que practica el señor Chaves cuando afirma que la culpa del incremento del paro o de la estratosférica subida del recibo de la luz es de la derecha; más concretamente, de José María Aznar. Dicho sea de paso, bien haría el PP en esquivar este tipo de trampas dialécticas a modo de cortina de humo y apoyar lo que sabe que debe apoyar en vez de hacer juegos florales. La revisión del sistema de prestaciones sociales ha sido necesaria por culpa de la inoperancia de José Luis Rodríguez Zapatero durante sus seis años al frente del Gobierno. Pero ahora toca apoyar las medidas de emergencia imprescindibles, las introduzca Zapatero o su porquero. El resto es demagogia.

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