Con una machacona e interminable promoción, que incluso trajo a sus protagonistas, Angelina Jolie y Johnny Deep, a pasear por la alfombra roja extendida en Madrid a tal efecto, The Tourist es, seguramente, la cinta que promete recibir más espectadores durante este periodo navideño, sin duda, el más cinematográfico del año.
Estrenada ayer en las salas de nuestro país, lo cierto es que, a estas alturas, la mayoría del público ya ha visto alguna secuencia del autodenominado thriller al estilo clásico que, además, cuenta con el reclamo de estar ambientado en la bella e imposible ciudad de
Venecia. Eso, por si no fuera suficiente con el otro reclamo: el de sus dos actores protagonistas, de quienes se espera que atraigan al cine a los seguidores de tan diametralmente opuestos divos de Hollywood.
Aún así, es decir, aunque se consiga el objetivo marcado por sus productores de convencer a los fans de uno y de otro para que compren una entrada y pasen una tarde ajenos a las compras y los fríos navideños al calor de
The Tourist, lo cierto es que después de ver el filme, a uno no le queda más remedio que preguntarse por el oscuro misterio que rodea a las decisiones ejecutivas en la industria del cine. Sencillamente, porque la pareja, por muy profesionales que sean ambos, no funciona ni en un solo fotograma de una película que, además, patina en su guion de modo tan garrafal, que el espectador empieza a “olerse” el misterio que se guarda para el desenlace desde mucho antes de que este se acerque. ¿Existe algo peor para cualquier tipo de historia de intriga? Difícilmente.
De forma que, aparte del indiscutible atractivo de las escenas de persecución rodadas en las calles, perdón, en los canales de la vetusta ciudad italiana, lo único que le queda al espectador que ya ha invertido sus euros en la entrada es deleitarse con la elegancia del personaje interpretado por
Angelina Jolie, una bella y misteriosa mujer que parece tener todo y a todos bajo control y que, por supuesto, le cae como anillo al dedo a la carismática actriz norteamericana. Y vista la falta absoluta de sintonía con su compañero de reparto, uno vuelve a preguntarse eso de los insondables misterios que rodean las decisiones ejecutivas de las grandes productoras a la hora de elegir el casting, porque lo más probable es que se habría atraído a más público poniendo a la Jolie a trabajar junto, por ejemplo, su guapo marido, quien, además, seguro que habría encajado mucho mejor en el papel que el ausente
Johnny Deep intenta construir sin éxito.
Y es que, por desgracia, Deep, a pesar de aparecernos vestido con un blanquísimo smoking bailando en algún
impresionante salón veneciano o sorprendiéndose en una suite del Danielli, sigue estando más cercano a su personaje de capitán pirata a quien, quizás, en un descuido, su barco ha acabado por jugarle una mala pasada, alejándole de los mares del Caribe para darse un paseo por los oscuros canales venecianos.