Viernes 31 de diciembre de 2010
La reunión que ayer mantenían productores audiovisuales e internautas, auspiciada por Alex de la Iglesia, es una buena manera de resolver un conflicto viciado por múltiples injerencias políticas. Lo primero que hay que tener muy claro es que todo aquel que escribe, pinta, compone o actúa tiene todo el derecho del mundo al reconocimiento de su creación. La propiedad intelectual –como cualquier otra- es un derecho fundamental reconocido por la Constitución, debe preservarse, y corresponde al Estado arbitrar todos aquellos mecanismos necesarios para la salvaguarda de dicha propiedad. A efectos legales, tanto da que quien roba un libro lo haga físicamente -sustrayéndolo de una librería- o de modo virtual -esto es, descargándolo ilegalmente de internet-; la conducta es igual de reprobable en ambos casos. Es un principio elemental que el Partido Popular debe entender y apoyar sea respetado porque, de un tiempo a esta parte, hay un relajamiento general en todo lo que se refiere a la necesidad de hacer cumplir la ley, acabando con el ambiente de que “todo vale”.
Pero si autoridades y creadores desean que ese mensaje llegue nítido a la sociedad, harían muy bien en limpiar de estridencias políticas y de otra índole a lo que sin duda es una reivindicación sumamente justa. Para empezar, la política de subvenciones del Ministerio de Cultura desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder ha sido un ejemplo de derroche y sectarismo a partes iguales. Se ha paniaguado a los amiguetes de la “ceja” y el “no a la guerra”, sufragando con dinero público “obras” cuyo fracaso en taquilla pagaban todos los contribuyentes, hubiesen ido a verla o no. Si a esto añadimos la voracidad recaudadora de la Sociedad General de Autores, colándose de rondón en restaurantes y peluquerías para multar a todos aquellos que “delinquían” poniendo música sin el permiso de Ramoncín, o la imposición de un canon digital que presuponía que todo aquel que adquiría una memoria USB o un DVD virgen era un delincuente potencial, se entiende algo mejor la incomprensión de la sociedad. Debería tomar buena nota de ello Angeles González Sinde, en lugar de culpar a los demás de una serie de problemas de los que ella misma es una de las causantes.
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