Sábado 01 de enero de 2011
Acaba el año y, con él, el Jubileo que este año celebraba la capital gallega con motivo del Año Santo Compostelano. El Camino de Santiago es Patrimonio de la Humanidad. Durante siglos, la universal vía de peregrinación a Compostela se ha convertido en uno de los referentes de la cultura europea, con una significación que trasciende del mero hecho religioso. Lengua y comercio, arquitectura, escultura y música son, entre otras muchas manifestaciones culturales y económicas, riqueza y parte esencial del Camino. Efectivamente, el Camino tiene un origen netamente religioso, que aún conserva, pero, dentro del concepto compostelano, cabe mucho más. Por eso, las sociedades Jacobeas que existen en los grandes países occidentales tienen una enorme importancia cultural y académica que se sitúan en un plano diferente, aunque no contradictorio, de su significación religiosa. Y, por encima de todo, es una de las señas de identidad del turismo español, ya que gracias al Camino de Santiago visitan el país cientos de miles de personas. El Camino Francés todavía conserva su traza medieval, dirigiéndose directamente desde la Tour de St. Jaques hacia el sur de la gran capital francesa. En su recorrido por el norte de España, el Camino recorre mucho del antiguo Reino de León, donde ha dejado testimonios de arte románico de bella factura.
Por todo ello, Zapatero debía de haber entendido que sus convicciones laicistas, ni que decir tiene, perfectamente lícitas, nada le impedían asumir con toda normalidad la asistencia a un acto con un marcado carácter institucional. Como tampoco le impidieron asistir a un desayuno de oración en Estados Unidos, donde se hacía precisamente eso, orar. Allí no sólo se plegó a los requerimientos de los asistentes, sino que llegó incluso a emplear citas bíblicas en su discurso. También se ha descalzado en más de una mezquita, sin que ello haya supuesto menoscabo alguno a sus principios laicistas. Por el mismo rasero, no estaba de más una visita a Santiago. No se pedía al señor Zapatero que asistiese a un acto religioso, si no es creyente; es más, está en su perfecto derecho de hacer lo que le parezca. Pero dada la trascendencia del Jubileo compostelano, su labor como Presidente del Gobierno era haber hecho acto de presencia al menos una vez. Así lo hicieron todos sus antecesores, desde Suárez a José María Aznar -incluido Felipe González, con bastante más sentido de Estado que Zapatero para todo este tipo de cuestiones-.
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