Opinión

El consumidor bulímico

Mayte Ortega Gallego | Sábado 01 de enero de 2011
Desconfíe de la gente que emplea mucho tiempo leyendo los ingredientes de los alimentos. Un supermercado es un supermercado. Si quieres carne sin hormonar y galletas sin aceite de palma no estás en el lugar adecuado. Que pinten muchas hojitas verdes en el envoltorio no significa que sea un producto natural. Concedo y admito que prefiero leer ingredientes que no parezcan matrículas pero tampoco convertiré la compra en una secuencia de Ossesione de Visconti. No haré hermenéutica de los envoltorios ni de las etiquetas de mi compra. No lo haré a pesar de la noticia publicada en algunos medios recientemente sobre nuestro analfabetismo simbólico, y no me refiero a Baudelaire y su albatros. Es un informe realizado por la Confederación de Consumidores y Usuarios que denuncia que no sabemos leer adecuadamente los símbolos de peligro, planchado, edad adecuada, etc…que aparecen en los envoltorios. Cuando lees un artículo así en la prensa, agradecerías un enlace a una página que te sacara de tu ignorancia y salirte de la estadística inmediatamente. No suele haberlo, interesa que no desautorices el contenido tan rápido.

Desconfíe igualmente de la gente que “descambia” cosas porque suele cumplirse la segunda acepción de este verbo: convertir billetes o monedas grandes en dinero menudo equivalente o a la inversa. Es lo más parecido al trastorno de la bulimia en el consumo. Compro y compro y como me devuelven el dinero ya veré qué hago. La mayor parte de las veces lo que haces es quedártelo porque has perdido el ticket, porque se te ha pasado el plazo y porque te da una pereza tremenda volver a la tienda. Si eres avispado y no cumples ninguna de las tres condiciones anteriores, muy probablemente volverás a la tienda de marras, devolverás lo comprado y comprarás de paso algo que no te hace falta. La Banca siempre gana.

La Banca gana y nosotros perdemos dinero e ideas porque para evitar cambios ajenos, sólo nos interesan los propios, hemos aprendido a comprar tiques regalo que es el colmo de la pereza y el mal gusto. Algunos han torcido el gesto durante veinte Navidades porque la abuela les hacía señas extrañas y los llevaba aparte para darle dinero, haciéndole prometer que lo guardaría bien y no se lo diría a sus primos. La asignación era directamente proporcional a la edad. Esta atávica costumbre se traslada al consumo actual y nos parece muy moderno y cómodo. Pues es frívolo y dependiente. Es el aguinaldo con membrete, estúpido.

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