Opinión

Italia y los retos de 2011

Andrea Donofrio | Lunes 03 de enero de 2011
Mientras Italia se prepara para celebrar el 150 aniversario de la unificación nacional, el 2011 se presenta como un año de gran importancia para el país. Después de seis meses de parálisis gubernamental, la difícil situación político-económica del país obliga a esperar que, en el nuevo año, el Gobierno se enfrente de manera eficiente a los problemas reales del país. Terminado un año áspero, Berlusconi y su Gobierno, debilitado por la guerra intestina de los últimos meses, deben abordar varios retos y desafíos: emergencia basura, alto tasa de desempleo juvenil, déficit público, reformas improrrogables y la lucha contra la criminalidad organizada.

Desde hace dos años, el primer ministro hace de la crisis de las basuras en Nápoles una de las prioridades de su mandato, anunciado ciclicamente “nuevos milagros” y soluciones inmediatas a un drama ecológico, crónico y cíclico: sin embargo, el tiempo ha confirmado que se trata sólo de soluciones temporales, paliativos y reclamos propagandísticos. En la última semana, el primer ministro había anunciado una nueva prueba de “fuerza y responsabilidad” de su Ejecutivo: Nápoles limpia antes de la noche vieja. A mi pesar, nos hallamos ante una nueva promesa incumplida y la desesperación de un pueblo –en forma de incendios callejeros- harto de sus promesas incumplidas y su retórica triunfalista. El problema necesita una gestión transparente y un gobierno que ofrezca soluciones eficaces (y no medidas paliativas) que atajen de raíz el problema.

La grave crisis económica obliga el Gobierno a enfrentarse a graves problemas, a antiguos y nuevos retos: en el 2011, cabe esperar la creación de nuevos empleos, sobre todo teniendo en cuenta que, según fuentes estadísticas nacionales, en Italia cada año, 300.000 jóvenes se quedan sin trabajo, aumentando de forma alarmante el número de desocupados; la aplicación de nuevas medidas que se preocupen de la reducción de la deuda pública (actualmente roza el 130% del PIB); unas decisiones eficaces y eficientes para enfrentarse a la grave crisis económica, nuevas propuestas e iniciativas necesarias para sobreponerse a la peligrosa recesión e iniciar una improrrogable etapa de recuperación. De momento la estrategia del Gobierno se ha limitado en difundir optimismo, afirmar que “la crisis internacional no ha afectado a nuestro país, gracias a la elección de nuestro Gobierno”. Discutible y de todas formas muy simplista para una realidad tan compleja y difícil.

El capítulo “reformas” quizás represente el más complejo. Mientras el Gobierno parece preocuparse exclusivamente por la reforma de la Justicia (y no in toto, sino sólo de un aspecto del tema, la inmunidad de los máximos cargos del Estado), el país necesita varias reformas: del régimen fiscal, de la educación (está en aprobación la Reforma Gelmini de la Universidad y de la enseñanza). En general, las instituciones del país necesitan ser modernizadas para crear una estructura más dinámica, madura y equilibrada. Para realizar eso, hace falta menos retórica y mayor sentido de la responsabilidad.

Después de un 2010 caracterizado por muchas “detenciones excelentes”, en 2011 también la lucha contra la criminalidad organizada debe representar una prioridad: el Gobierno y las fuerzas del orden deben plantearse una estrategia que “integre” las necesarias detenciones, con una lucha social y cultural de saneamiento “urbanístico-social”, de recuperación del territorio. Las instituciones nacionales deben demostrar su capacidad para garantizar el cumplimiento de la ley, restando territorio y ámbito de maniobra a las organizaciones criminales italianas. Teniendo en cuenta que la economía y el tejido social del país entero están contaminados por las actividades de las organizaciones criminales, resulta necesario también una atenta reflexión sobre las relaciones entre mafia y política (“no existe mafia sin política”), que trasciendan la ideología y demuestren la verdadera apuesta gubernamental por la legalidad, su voluntad de erradicar esta plaga. Lamentablemente en diferentes ocasiones, Berlusconi ha denotado su “desprecio por la cultura de la legalidad y del empeño civil”, olvidando las palabras de Borsellino: “Hablen de la mafia. Hablen de ello por la radio, en televisión, en los periódicos. Pero que hablen de ello”.

Cabe esperar que el Gobierno no siga utilizando los decretos leyes como único instrumento para gobernar el país: en este caos, adiós democracia representativa. Sin embargo, teniendo en cuenta la sufrida y limitada victoria política de Berlusconi del pasado 14 de diciembre, la exigüidad de la ventaja electoral (un margen de apenas 3 votos), esta perspectiva parece difícil. Italia necesita un gobierno fuerte y efectivo que actúe de forma decidida y emprenda las reformas ineludibles. Antes de que sea demasiado tarde. Finalmente, mientras el espectro de las elecciones anticipadas se aviva y la clase política italiana parece cada vez más desacreditada, moralmente discutible, cotidianamente involucrada en nuevos escándalos de corrupción y fraudes, el deseo es que en 2011 podamos asistir a un cambio generacional.

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