Opinión

El reto de Obama en el Congreso

Viernes 07 de enero de 2011
En pleno ecuador de su primera legislatura, Obama debe afrontar este 2011 que ahora empieza con el escollo que supone haber perdido la mayoría en la Cámara de Representantes, dominada ahora por los republicanos. Por de pronto, a principios de la semana que viene se espera que el Congreso intente echar atrás uno de los proyectos estrella de la actual administración estadounidense, la polémica reforma sanitaria. Pero no es el único envite al que habrá de hacer frente Obama. El miedo al endeudamiento público -convenientemente alentado por las nuevas hornadas republicanas salidas del Tea Party-, algo que en Estados Unidos tiene gran calado, será el caballo de batalla de los republicanos para intentar recortar el gasto estatal en materia social.

Y es precisamente en este último punto, el gasto social, en el que Obama puso mayor énfasis durante la campaña electoral que le aupó a la presidencia de su país. A la vista está que la actual coyuntura económica no parece la más propicia para lleva a cabo incrementos en este tipo de partidas, pero es el discurso que el presidente quiere mantener, en base al contrato electoral que le une con sus votantes. Y es perfectamente lícito. Como lo es la manera de entender la política social de los republicanos, por más que se les quiera demonizar desde ciertos sectores de la opinión pública europea –ignorantes de la importación que tiene en los EE,UU. el principio de control y, por ende, responsabilidad individual. Las prestaciones sanitarias y de seguridad social funcionan allí de una manera completamente distinta a como lo hacen bajo el paraguas del Estado de Bienestar europeo. Ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Sucede que los republicanos temen que, si el Estado se sigue endeudando, ello pueda incidir negativamente en la marcha de la economía y, sobre todo, reste a los ciudadanos capacidad de control y decisión. En consecuencia, a Obama corresponde no sólo convencer a los republicanos de que eso no es así, sino hacer lo posible para evitar que sus oponentes acierten en su diagnóstico. Y eso no se logra únicamente con retórica ni con la exigua mayoría que aún conserva en el Senado, sino con unos resultados que, visto lo visto, están tardando en llegar.

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